Buena parte de los comienzos de la historieta en la Argentina están ligados a la actividad de la Editorial Lainez, quien a lo largo de medio siglo en ese campo publicó títulos emblemáticos y llegó en determinado momento a  imponer su predominio en cuanto a la cantidad de revistas editadas semanalmente. Esa historia bien merece un repaso exhaustivo que iniciamos con esta primera nota.

Fragmento de una tapa de Historietas, 1947

LAINEZ HACE ESCUELA

Láinez por R. Columba

    Para contar la historia de Editorial Lainez es  preciso remontarse hasta el iniciador de la misma, Manuel Láinez Cané, hombre de intensa actividad en la vida política y la función pública.  Nacido en Buenos Aires en 1852 Láinez  se desempeñó en el periodismo desde muy joven colaborando en distintos medios escritos de la época para fundar posteriormente su propio periódico, El Diario, cuya dirección ejerció desde 1881 hasta su muerte ocurrida el 4 de marzo de 1924. Al margen del periodismo Láinez ocupó importantes cargos políticos  y diplomáticos – como por ejemplo el de embajador extraordinario ante Italia y Francia-,  estuvo al frente de la Dirección General de Escuelas de la Provincia de Buenos Aires y fue también diputado y senador nacional, cargo éste desde el cual en 1905  logró la aprobación de la ley que lleva su nombre y en la que concretó su idea sobre la importancia del desarrollo de la instrucción pública para el progreso republicano. Básicamente la Ley Láinez establecía que allí donde no existieran escuelas por falta de fondos locales la Nación debía proveerlas, así surgieron las “Escuelas Nacionales” o “Escuelas Láinez”.   En “El Congreso que yo he visto” Ramón Columba  destaca la intensa tarea legislativa de Manuel Lainez  y junto a su caricatura deja este retrato: “Alto, de refinada elegancia, de paso firme (…) de rostro un tanto cobrizo ojos de mirada traviesa y labios que dibujan una sonrisa burlona”.

LOS PRIMEROS TITULOS

    En 1909 (y sin descartar que pueda haber existido algún título previo que no conocemos) la Editorial Láinez  lanza Tit-Bits, “Revista argentina ilustrada de todo lo más interesante, útil y ameno de los libros, periódicos y colaboradores del mundo”. Dirigida por Rodolfo de Puga,  Tit-Bits  alternaba folletines policiales y de aventuras con notas breves sobre curiosidades, historia e incluso temas de salud y abundante publicidad. El ejemplar mas antiguo de que disponemos es de 1921, constaba de 16 páginas de gran formato y entre su material destacan tres extensos folletines: “Una empresa prodigiosa” (novela científica y de aventuras), “Las interesantes aventuras de Derwent Duff, detective”  y “Los esclavos de las drogas en Londres”. La revista, con redacción en Avenida de Mayo 662 (no aparecía aún el nombre de la editorial) tenía además una edición uruguaya y otra chilena. En cuanto a la historieta estaba representada en aquel año 1921 por varios chistes sueltos y una media pagina de “Los conocidos de Cocoliche”, que a no era otro que el “Happy Hooligan” de Frederick Burr Opper.

     En 1922 apareció la revista Pucky, cuya redacción estaba ubicada también en Avenida de Mayo 622. De parecida estética pero de tamaño más reducido que Tit-Bits, esta interesante y poco conocida revista representa  “la transición entre los cuadernillos folletinescos y las auténticas revistas pulp en la Argentina” según lo expresa  el especialista Carlos Abraham en sendas notas publicadas en su blog  “Museo Iconográfico de la Literatura Popular”. Sobre finales de los años cuarenta Láinez utilizaría nuevamente este título pero esta vez con contenidos didácticos (Eugenio Zoppi coláboró allí tapas y láminas) e historietas.

  LA GRAN EXPANSION

    Manuel Lainez muere en 1924 y es sucedido al frente de El Diario y de la Editorial por su hijo, Norberto Pedro Láinez de la Riestra, nacido en 1883 y que se desempeñó al igual que su padre en el campo diplomático y la función pública. Pero también estuvo al frente de dicho diario Manuel Vicente Láinez Peralta Alvear, nieto posiblemente del fundador que muere en 1954 (un año antes que Norberto) a los 46 años de edad. Nos inclinamos a creer que fue este último el responsable de la expansión de la editorial en el campo de la historieta y la persona a quien se refería Alberto Breccia en un reportaje como a alguien que editaba historietas porque apreciaba ese género, al punto que utilizaba como redacción su propia casa en la avenida Callao, más precisamente Callao 1332, dirección que aparece ya desde los años treinta en las revistas. Abona nuestra hipótesis el hecho que hasta el fin de la editorial –e incluso cuando ya se había transformado en EDMAL- figuraba como director de las publicaciones Manuel Láinez.

   La expansión  de la editorial se inicia en 1932  con El Gorrión, luego con Ra-Ta-Plan (1935) y continuará de tal forma que a inicios de los años cuarenta Láinez prácticamente tenía una revista para cada día de la semana: Tit-Bits los martes, El Gorrión los miércoles,  Espinaca lo jueves, Historietas los viernes y Ra-ta-plan los sábados, datos estos aportados por Esteban Laruccia en una nota sobre el dibujante Fernand publicada en el fanzine Crash! A dichos títulos deben agregarse Selecciones Gráficas, Narraciones de Ra-Ta-Plan, que Laruccia menciona como  Selecciones de Ra-Ta-Plan, aunque no sabemos si se trata de un error o realmente de una publicación distinta. Ya a inicios de los años cincuenta llegarían Puño Fuerte y Lanza Brava, esta última de tamaño similar a Rayo Rojo. Sostener esa producción obligaba obviamente  a contar con una planta bastante numerosa de empleados a efectos de realizar, al margen de lo administrativo, todo el trabajo de rotulación de historietas, traducción de material extranjero, diagramación, etc., tareas estas que testimonia una foto que publicamos aquí tomada del blog El Vengador de Alberto Romero, quien se inició allí como cadete para convertirse luego en uno de los dibujante de la editorial.

 

Un sector de las oficinas de la Editorial (Del Blog El Vengador, de Alberto Romero)

 EL COMIENZO DE LA DECLINACION

      A mediados de los años cuarenta Láinez  predominaba netamente en el mercado de revistas de historietas con sus diversos títulos. Frente a el solo están Tor y Columba, que durante muchos años solo editó El Tony y Páginas de Columba. Pero también es el momento en que comienzan a surgir dos competidores que con el tiempo tomarán el liderazgo de gran parte de ese mercado  merced a nuevas ideas y enfoques sobre la historieta. En efecto surge Editorial Abril que poco años después lanzará títulos  como El Pato Donald, La Gran Historieta, Salgari, Misterix, Rayo Rojo y Cinemisterio,  mientras que  Quinterno pone en los kioscos a Patoruzito. Tanto Quinterno como Abril aciertan en el gusto del lector con una serie de personajes de creación propias (Vito Nervio, Misterix (italiano de origen pero consagrado aquí), El sargento Kirk, Tucho, entre otros)  mientras que Láinez sigue atado a los grandes nombres del comic americano, algún producto francés y a lo sumo adaptaciones literarias. Claro que ese mismo esquema –series yanquis más adaptaciones- era el mismo de Columba, por lo cual debe sospecharse que la declinación de Láinez se debió también a otros motivos que desconocemos. Quizá  adivinando que algo debía hacerse aparecen Puño Fuerte en 1950 y Lanza Brava en 1951 y antes había renovado el formato de El Gorrión haciéndolo apaisado y resucita o renueva a Pucky,  pero comete el error de insistir en la misma fórmula.

       Entre 1954 y 1955 fallecen primero Manuel Vicente Láinez y luego Norberto Pedro Láinez, lo que debió ser un duro golpe para la conducción de una editorial que ya declinaba. No obstante en 1957 parece haber un amago de reacción, un golpe de timón para corregir el rumbo, se renueva el formato y el material de Tit-Bits, que al igual que El Gorrión pasa a ser dirigido por Isaac Aisemberg -guionista y hombre de cine del cual no hemos ocupado en TOP-COMICS-, y se convoca a dibujantes como Cristóbal, Casalla, Sesarego y Borisoff para realizar las tapas de Puño Fuerte pero es inútil, a partir de 1958 las revistas de Lainez pasan a ser editadas por EDMAL, nombre que si bien abrevia, apocopa, el anterior de Editorial Manuel Láinez, no tiene ya que ver –creemos- con aquella aristocrática familia que había producido títulos antológicos de la historieta argentina. (C.R. Martinez)

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