NOTAS BRECCIANAS

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UN CASERÓN A OSCURAS
 Siguiendo con la recordación del Maestro Alberto “Tito” Breccia, hoy publicamos en dos partes una nota escrita por Roberto Fonatanarrosa en la revista Ramona (Nº 36 – noviembre 2003) que, con mucho gusto, publicamos.-
 
POR ROBERTO FONTANARROSA (NOTA 1)
La casa, por dentro, estaba completamente a oscuras. Era un caserón enorme, de dos o tres plantas (no recuerdo bien) y, a juzgar por el aspecto, no había sido abierto por siglos. Sherlock Time y su amigo se habían metido allí por alguna caprichosa razón que, hoy, escapa a mi memoria.  Tal vez para investigarlo, tal vez para comprarlo, no llego a precisar el motivo ni, mucho menos, el precio, máxime con tantos cambios de moneda. Lo cierto es que allí adentro estaba, en verdad, oscuro y la inquietud se advertía en el rostro del amigo pero no tanto en la de Sherlock quien, como buen héroe, era más bien tirando a inexpresivo, a "cara de lata", como decía Alberto Breccia.
 
  Se percibía (pese al límite estricto de los cuadritos) el olor a humedad y a encierro y un cierto aroma a circundante amenaza, como tienen todas las cosas desconocidas.  Un dibujante debía ser muy pero muy valeroso  para meterse en aquella casa.  Fundamentalmente porque, allí adentro, había desaparecido cierta referencia espacial y habían desaparecido, mas que nada, las líneas. Y eso era desconcertante para alguien que dibuja y que, fundamentalmente, como yo, se había quedado pegado con el estilo nítido y lineal de Roy Crane, por ejemplo.  El "Pepe Dinamita", de Crane, tenía los ojos que eran apenas dos puntitos y su boca, a veces, un módico trazo descendente.  O las cosas de Hugo, sin ir más lejos.  Pratt cruzaba dos líneas que subían y se entrelazaban (como un biorritmo vertical) y lograba el humo de una fogata. Metía una pequeñísima nubecita frente a la boca de los indios "Mungos", y era el aliento, en ese bosque congelado. Pero allí dentro, en la densa oscuridad de la casa, no había líneas.  Sólo una colisión de blancos y negros. De delgadas franjas de luz que se filtraban por las rendijas de las ventanales cerrados e iban a chocar contra los polvorientos muebles, modelando las formas. Para colmo, la casa estaba llena de adornos, de jarrones, de candelabros, de objetos de arte. Y a todos los corporizaba Alberto contrastando los volúmenes. Algo así como lo que hacía Arturo Del Castillo, en "Randall The Killer", salvo que Del Castillo insinuaba los planos con un plumeado de miles de rayitas. Pero tampoco había líneas, líneas que marcaran el contorno de una pared o la división entre la luz y la sombra. Daba la impresión que podía venir un viento (de esos vientos fuertes del desierto, que hacen rodar esas pelotas de arbustos) y llevarse el rancho, los graneros y hasta los caballos, desarmando con enorme facilidad ese hojaldre de tinta china. Pero lo de Alberto Breccia era pincel, trazo grueso, solución pesada. Me admiré muchísimo del estilo pero supe (yo era adolescente aún, y algo vago) que no tendría capacidad ni paciencia para seguir ese dibujo que se acercaba, por momentos, más a la escultura que al comix. Supe que no encontraría a Alberto Breccia en esa casa.-
 

NOTAS BRECCIANAS

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UN CASERÓN A OSCURAS
 Siguiendo con la recordación del Maestro Alberto “Tito” Breccia, hoy publicamos en dos partes una nota escrita por Roberto Fonatanarrosa en la revista Ramona (Nº 36 – noviembre 2003) que, con mucho gusto, publicamos.-
POR ROBERTO FONTANARROSA (NOTA 2)
 
Encontré a Alberto Breccia, sin embargo, en el año 72, en el Salón de Córdoba y me pareció raro poder hablar con él, compartir cosas.  Porque el asombro no venía de haber acompañado a Sherlock Time en la casona. Venía de antes. Venía de más atrás, incluso, de "Vito Nervio", que había salvado a la humanidad en más de una oportunidad, cuando yo era chico, de la amenaza apátrida del "Triángulo Verde" desde la páginas del "Patoruzito".-
  Pero "Vito Nervio" (¡qué fantástico nombre!) hablaba en forma un tanto acartonada ("¡Arremete, fiel Alí -ordenaba a su asistente negro- como toro en un bazar!") y yo no lo percibía muy real o muy cercano, al menos. Y, además, una cosa es releer una historieta, un cuadrito tras otro, tirado sobre los mosaicos del patio de mi casa y otra cosa, muy diferente, es hablar con el propio autor, en el departamentito minúsculo del Crist, flanqueados por Quino y Lino Palacios.  De aquel encuentro, legendario ya, me quedó una foto maravillosa. Somos un grupo grande, unos treinta casi, desplegado frente a la cámara. Uno de los primeros, de pie, sobre la izquierda, es Oesterheld. Después, entre otros, están Quino, Caloi, el Turco Salomón, el Lolo Amengual, Cognigni, Lino Palacios, Kalondi (levantando los brazos), el gordo Brócoli, el Menchi Sábat, Pequeña, Coquito Feldman. Parados, último sobre la derecha, están Breccia y el Negro Crist. Alberto, un poco a lo guapo, la mano izquierda en la cintura, el pucho en la otra, quizás debido a las reminiscencias de su pasado en los corrales de Mataderos. Es el mediodía, tal vez después de almorzar, estamos en una especie de parque y hay una luz bárbara. –
 
  Ante esa luz, yo me pregunto: ¿Qué llevó a Oesterheld y a Alberto a meterse en esa casa oscura? ¿Qué desafío empuja a un dibujante a zambullirse junto a sus dibujados en un ámbito donde todo debe ser solucionado, tan solo, con luces y sombras, con algunos dosificados blancos y agobiantes masas de negro? Para colmo, cuando el amigo de Sherlock estira la mano hacia un picaporte para abrir una puerta, una gota oscura y pesada, desprendida del techo, le cae en la mano. Y es sangre. Diez años después, estábamos en "Cocoyoc", un hotel hacienda en las afueras de la Ciudad de México (si es que la Ciudad de México sigue teniendo afueras). Alberto Breccia daba una charla para dibujantes mexicanos, argentinos y españoles. En las primeras filas, más atentos y concentrados que ninguno, estaban Leopoldo Durañona y José Muñoz.  Paradójicamente, dos de sus alumnos mas aventajados y profesionales reconocidos ya, en aquel momento. Es que, para ese entonces, el maestro se había metido, además, en muchas otras casas oscuras. Había salido, también, y por ejemplo, a las enceguecedoras amplitudes del Ártico luchando en contra de una criatura antecesora del Alien.  Experimentaba día a día con los sobresaltos del collage y, en suma, era muy difícil seguirle el tren. Por eso, por eso, cuando ya todos nos habíamos habituado a la oscuridad de esa casa, cuando nuestros ojos empezaban a acostumbrarse a la negrura, cuando nuestros pasos vacilantes de lector lograban eludir la pesadez de los muebles, se hizo la luz. Porque Sherlock y su amigo habían visto repetirse la pesadilla, nuevas gotas de sangre habían seguido cayendo desde el cielo raso, primero desde el del primer piso, luego desde del segundo y finalmente desde el tercero.  Sherlock (más íntegro, héroe al fin) había desprendido las semipodridas tablas del piso de la buhardilla con una barreta y había encontrado, allí, una masa humanoide quizás y deliscuescente, espantosa. Y su amigo había corrido, en pánico, hacia cualquier lado. Fue cuando se hizo aquella luz brillante, desmesurada, que no nos permitió ver el final. Final que luego nos contaría. Final que luego nos contaría Sherlock, ya más tranquilo. La torre del caserón, la vieja torre cubierta de enredaderas, no era otra cosa que una nave espacial, que había echado vuelo ante la cercanía de los visitantes. Y así quedamos, con el amigo de Sherlock Time, con José Muñoz, con Durañona, deslumbrados, mirando hacia arriba, atisbando el lejano fulgor de la nave.  Habíamos creído entender los trazos oscuros del pincel, cuando se encendió todo. Alberto Breccia lo seguiría haciendo, seguiría partiendo cuando parecía que uno lo alcanzaba.  Nunca se quedó, por cierto, en la tibieza del mediodía, después del almuerzo. (Roberto Fontanarrosa)

CARA MELINA

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MELINA GATTO EN EL PROYECTO MUSEO DEL DIBUJITO
  Se realizó en el Museo de la Caricatura Severo Vaccaro, de la Ciudad de Buenos Aires, la ceremonia de entrega de los 220 originales de dibujantes argentinos del PROYECTO MUSEO DEL DIBUJITO recopilados para el Museo Fundación Franco Fossati de Italia.  Los dibujos (de 6 cm. por 6 cm.) fueron entregados a la representante del Museo Fossati, Melina Gatto, aunque todavía podrán verse expuestos en el Museo de la Caricatura hasta el 15 de junio.-
 
  El emotivo y sencillo acto tuvo su marco ideal en la sede del Museo de la Caricatura Severo Vaccaro y contó con la presencia de: Nora Ygounet y César Da Col (miembros de la Comisión Organizadora del MCSV y anfitriones), Melina Gatto, Mario Lembó, Safe, Oswal, Siulnas, Eduardo Ferro, Ricardo de Udaeta, Guillermo Guerrero, Argüelles, Pablo Fernández, Nando, Julio Ibarra, Ariel Tarico, Diego Puglisi, José Massaroli, Alejandro Tempesta, Ceo, Edgardo Edmunds, J.J.Rovella, Leo Batic, Alejandro Santana, Esteban Espósito, Mariano Chinelli, Fabio Blanco, Andrés Accorsi, Alejandra Márquez, Viviana Agosti y Víctor Leali.-
En las fotos pueden ver la ceremonia que contó con las palabras de Nora Ygounet (Comisión Organizadora Museo Severo Vaccaro), Melina Gatto (Fundación Franco Fosatti) y de los (legendarios) dibujantes argentinos Siulnas, Ricardo de Udaeta, Guillermo Guerrero, Eduardo Ferro y Oswal.  (Fotos: Da Col y Mezquita)
 

TECNICA

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LA CREACION DE PERSONAJES
La colaboración con el dibujante
Nos pareció interesante rescatar de nuestros archivos una nota en la que el maestro H.G.O hablaba sobre la importancia de la relacion escritor-dibujante. Con mucho la ofrecemos a nuestros seguidores.-
 
  (Conceptos de Héctor G. Oesterheld – La historieta Mundial-1958)).
Héctor Oesterheld es un enamorado de la historieta. Es el guionista creador de varios títulos de importante gravitación en la historieta nacional. En el guión parece más preocupado de las imágenes que de la literatura, pero de esa manera ha conseguido hacer de la historieta literatura de imágenes. Los dibujantes que interpretan los guiones de Oesterheld demuestran expresar lo mejor de sí mismos en la interpretación. Su técnica del guión es muy reveladora. Nunca marca las secuencias fundamentales, y se las arregla para servir de guía al dibujante, sin coartarlo en sus posibilidades creadoras. Su concepto del argumento es bien definido. Los hechos que narra, aun los más fantásticos, son siempre posibles. Sus soluciones no son nunca arbitrarias, jamás tiene salidas fáciles; el lector no adivina nunca, o casi, los finales. Oesterheld está convencido que el guionista debe colaborar estrechamente con el dibujante para aunar ideas en la solución de una historieta e incluso en la creación de personajes.  Ernie Pike, es una muestra adonde puede llegar la colaboración estrecha del argumentista y dibujante:
 
  El personaje y las aventuras las creo yo, es cierto, pero también es verdad que el proceso de creación tengo en todo momento presente lo que Hugo Pratt hará después: pienso en un guerrillero italiano, y no pienso en mi guerrillero cualquiera; pienso en el guerrillero que Hugo Pratt puede llegar a dibujar. De esa identidad espiritual surgió Ernie Pike, y también Ticonderoga.
 
      De Hugo Pratt fue la idea de hacer una ‘saga’ histórica en los bosques norteamericanos en los años previos a las luchas por la independencia, pero todos los personajes son creación mía. Desde luego, como en el caso del Sargento Kirk, Hugo Pratt pone tanta pasión en su dibujo, a tal punto recrea él los personajes, que llega un momento en que ninguno de los dos sabe de quien es tal o cual cosa: cada uno, posiblemente, termina por creerse el creador del total; que es desde luego, el mejor accidente que puede ocurrirle a un dibujante y a un argumentista. Patria Vieja nació del deseo largamente acariciado, y que nunca había podido realizar, de hacer una historieta con nuestro pasado; siempre creí que lo nuestro puede ser por lo menos tan aventuroso como lo exótico”. –
 
     Aquí también el dibujante, Roume, sabe agregar lo suyo: pone el alma en el dibujo, y la historieta toda cobra una humanidad que desde ya obliga y espolea al autor. “El buen creador de historietas es, aquel que realiza el guión, pensando en la forma gráfica que adquirirá su narración. La historieta es un género de imágenes y el argumento debe sugerir estas imágenes, y no narrarlas por medio del texto, lo cual sería la solución más fácil’.  El buen guión es aquel que narra la acción claramente pero que también da posibilidades de imaginar al dibujante e incluso al lector. Del intérprete de mis guiones espero honestidad. No me agrada que adopte la solución trillada; la primera que se le ocurre. Si es una historia con clima, espero que se preocupe por representarla en las secuencias. Para mí el clima es la mayor virtud que poseerá la historieta terminada. Por otro lado la documentación es tanto necesaria para el dibujante como para mí. Hay que comenzar a inculcar responsabilidad en este tema. Cada día es mayor la cantidad de adultos que sigue con interés las historias gráficas y es justo que el material que se les ofrece sea serio y honesto.

HISTORIA

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SYNDIPRESS (Sindicato Argentino) 
De nuestros archivos nostalgiosos rescatamos esta nota que hoy reproducimos para los seguidores del Blog Argentino. Se publicó en la inolvidable revista Dibujantes, de hace, nada menos, 50 años. ¡¡¡Un documento historico!!!  La ponemos a consideración, porque es bueno actualizar estos hechos valiosos para que las nuevas generaciones las descubran y para que los veteranos seguidores de la historieta la recuerden con nostalgia y cariño. Es una manera de saber y valorar cómo estaba creciendo el movimiento historietistico argentino  y cómo se la jugaban los distribuidores de entonces.-
 
 Dibujo Enrique Rapela
 
LA NOTA
En un marco de casona antigua,  donde pareciera que se está rindiendo culto al pasado, están, en cambio, representados el presente…  y hasta el futuro. Efectivamente, allí, en Canning 2335, un grupo de dibujantes y de escritores están creando historietas del Espacio y del Oeste americano.  Se trata de la sede de SyndiPress, que realiza Patrulla, cumpliendo, además, la función de sindicato (distribución del material y reconocimiento de porcentajes). Su equipo está formado por los dibujantes Enrique Rápela, Octavio Moraga, Eugenio Zoppi, Eugenio Colonesse. Arturo Castillo, Carlos Casalla, Enrique Cristóbal, Juan Lucas Castro. Ivo Pavone y Jorge Pérez Castillo. Los humoristas A. Ferrari, A. Mazzone Celus y C. Basurto, y los argumentistas Solanas, Wadel, Eisen, Bruni, Aries, Guidess, Ivness y Morales Loza y otros, que crean distintas historietas para ser publicadas en la citada revista y distribuidas  en el exterior. A los autores se les paga los derechos por la primera publicación y luego premios progresivos de acuerdo al éxtito de la historieta, tanto para el dibujante como para el argumentista.-
 

 Dibujo Eugenio Zoppi
 
La idea para este  nuevo sindicato, de reciente realización, nació a fines de 1957. Horacio Videla y Julio C. Cotignola tuvieron el deseo de formar una agencia que permitiera reunir los trabajos dispersos de los distintos dibujantes para organizar un sindicato que distribuyera en el exterior a porcentaje. De allí nació Patrulla, propiciada por Editorial Columba.  Las historietas son completas y basadas sobre personajes fijos. Los que están circulando actualmente son: Johnny Sebastián, Cirilo el Argentino, Rock Dalmon, Chaco León, Peter Murray, Bob Fort, Selton Ray, Veterans Club, Cats Killer, Terry Winters (Guickman) y Sybil Dors.  El tema de cowboys está bien apuntalado por Johnny Sebastian, escrita por Eissen y dibujada por Carlos Casalla; es un nuevo enfoque del personaje del oeste americano. Está además Selton Ray, guión de Solanas y dibujo de Ivo Pavone en una gran etapa evolutiva de su carrera. En la historieta criolla cuentan con el valioso aporte literario y gráfico de Enrique Rápela que realiza Cirilo el Argentino. Igualmente valioso es el resto del material, por lo que se puede pronosticar un franco éxito a este nuevo sindicato que se inicia y que contribuirá a la organización de las historietas argentinas y su distribución en el exterior.-
 
 Dibujo Carlos Casalla       Dibujo Ivo Pavone
En proximas ediciones ofrecermos trabajos originales de algunos de los escritores y dibujantes de SYNDIPRESS

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