“HORA CERO”, A 60 AÑOS DE SU PRIMER NÚMERO

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 Tal como lo hicimos el mes pasado con Frontera, vamos a recordar hoy los 60 años de la aparición de Hora Cero, revista que -aunque sea redundante decirlo-, abrió una nueva época de la historieta argentina por el novedoso enfoque que dio Hector Oesterheld al tema bélico, fundamentalmente a episodios de la Segunda Guerra Mundial. Aquí entonces un repaso al contenido de sus números iniciales.  

hora-tapa Portada del Nº 1 de Hora Cero aparecido en Mayo de 1957. Como se ve incluía los dos cuadros iniciales de la historieta en la que tenía su “bautismo” de fuego Ernie Pike.

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Retiración (dorso) de tapa del Nº 1 promocionando a la revista Frontera y sus historietas.

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La siguiente historieta en el Nº 1 de Hora Cero era “Lucky Piedras” escrita por Oesterheld con el seudónimo de C. De La Vega y dibujos del español Carlos Cruz. La historia transcurría a fines del Siglo 19 y narraba las aventuras del lobero Cosme “Lucky” Piedras y su improvisada tripulación en el viaje que los lleva desde Río Gallegos hasta el Klondike, Alaska, en busca de oro. La serie terminó en el Nº 4 debido a que Cruz tenía un contrato de exclusividad con Editorial Abril. 

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     Luego de “Lucky Piedras”, un maestro de 5º Grado llamado Rolo Montes iniciaba su lucha contra los “pargas”, la raza de extraterrestres que buscaban conquistar nuestro planeta. Guión de Oesterheld otra vez como “C. De La Vega” y dibujos de Solano López. 

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Aquel histórico número inicial se cerraba con la unitaria “El héroe” de Oesterheld y Solano López en tanto que la retiración de contratapa presentaba a los colaboradores de la revista y la contratapa anticipaba el Concurso “Cazar un león”, promocionado también Frontera.

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En el Nº 2 el lugar de la historieta unitaria es ocupada por “Patria Vieja”, de Oesterheld y Carlos Roume, donde se alternaba la pura ficción con recreaciones de episodios o personajes históricos como el negro Falucho o Facundo Quiroga.

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Como ya se dijo, “Lucky Piedras” duró sólo cuatro números, siendo reemplazada en el Nº 5 por “Hueso Clavado”, una visión satírica del Oeste americano con guiones de Oesterheld y dibujos de Ivo Pavone, serie de cuyo primer episodio se muestran la página inicial tipo panel y una nota de presentación.

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    Este cuarteto o poker de ases de series (más el agregado de “Trabuco y Trinquete” desde el Nº 7, Noviembre de 1958) se mantendrían hasta el Nº 11, cuando “Hueso Clavado” cede su lugar a “Capitán Lázaro”. Tanto los episodios de Ernie Pike como de “Patria Vieja”  (luego dibujada por Arancio) siguieron apareciendo casi hasta el final de la revista, mientras que de las nuevas series seguramente la más recordada fue “Amapola Negra” y las doce misiones de la tripulación del bombardero B-17 así bautizado. El último número de Hora Cero fue el 72, en mayo de 1963, exactamente la misma fecha en que llegó a su fin la edición Extra.  (CRM)  

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Y aquí una “biografía no autorizada” de Ernie Pike, material que nos facilitó Marcelo Chinelli, sin dudas el mayor conocedor de la obra de Oesterheld:

http://archivohgo.blogspot.com.ar/2017/05/ernie-pike-corresponsal-de-guerra.html

    

Por si alguien se quedó con las ganas…algo más de Roberto Bernabó

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  La repercusión que tuvo la nota sobre la labor de Roberto Bernabó en Billiken nos hace suponer que hay gente que quiere ver algo más de este gran dibujante. Para ellos entonces cuatro páginas de la adaptación de “Historia en dos ciudades”, de Charles Dickens, publicada en Pimpinela en 1958  y una tapa del Libro de los Ases del Oeste, de 1959.

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“Billiken” y sus dibujantes: Roberto Bernabó, o el arte de la elegancia

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 billi-bernabo2 En una nueva actualización de la página “Billiken, sus dibujantes y sus historietas” nos ocupamos hoy de  Roberto Bernabó, enorme ilustrador que colaboró en la revista durante los años sesenta aportando tapas y dibujos para notas didácticas, todas con el sello de la elegancia que distinguía a su estilo.

https://luisalberto941.wordpress.com/billiken-sus-dibujantes-y-sus-historietas/

 

“HORA TRES”, UNA PUBLICACIÓN DE ANTOLOGÍA…

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Julíán Blas Oubiña Castro -integrante del equipo que realiza la revista digital KIRK y que en más de una oportunidad ha aportado valioso material a este blog-, nos informa sobre la aparición de una nueva publicación en la que interviene como guionista y crítico de historietas:

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Hora Tres es una antología anual  que reúne historietas de diferentes autores, algunos de ellos de reconocida trayectoria, como Alfredo Grassi, Jorge Morhain, Gianni Dalfiume, Ernesto Melo, Laura Gulino, Edu Molina y Roberto Barreiro, a los que se suman talentos de hoy, como Renzo Podestá, NN, Hernán Castellano y Fernando Brancaccio. La edición también incluye una larga autobiografía escrita en primera persona por José Muñoz -autor de Alak Sinner, Sophie, En el bar y Carlos Gardel-, además de notas de investigación sobre la Historieta Argentina, escritas por Ricardo De Luca y Julián Blas Oubiña Castro. Además, trae ilustraciones de grandes artistas como Martha Barnes, Paula Andrade, Fátima Fuentes, Lea Caballero, Kundo Krunch y más.

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HISTORIETAS:

El gato y la memoria, por Luis García Durán

Los actos de codicia, por Julián Blas Oubiña Castro y Hernán Castellano

Trampa Cósmica, por Alfredo Grassi y Ernesto Melo

El otro espejo, Julián Blas Oubiña Castro y Laura Gulino

La extraña historia de mi lápiz, por Roberto Barreiro y Edu Molina

El revés de la trama, Julián Blas Oubiña Castro y Hernán Castellano

Bukowski, por Luis García Durán

Al Servicio de la humanidad, por NN

Ubi Sunt, por Julián Blas Oubiña Castro y Hernán Castellano

Una Historia, por NN

Un lied para el soldado muerto, por Jorge Morhain y Gianni Dalfiume

Mobiüs Crux, por Julián Blas Oubiña Castro y Fernando Brancaccio

Boiled, por Renzo Podestá

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ARTÍCULOS

Perché lo fai? José Muñoz en primera persona

La lecturas infantiles y la masividad de la Historieta Argentina, por Ricardo De Luca y Julián Blas Oubiña Castro

Editorial Columba y la Cultura Argentina: Dos momentos de intervención, por Ricardo De Luca y Julián Blas Oubiña Castro

De la Historieta Argentina al Cómic Nacional, por Julián Blas Oubiña Castro

https://revistakirk.wordpress.com/horatres/

 

 

 

 

El Centro Editor de América Latina, la cultura popular y las historietas

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 Una muestra en el Museo del Libro y de la Lengua de la Biblioteca Nacional revive la historia del Centro Editor de América Latina (CEAL), “esa aventura irrepetible que creó Boris Spivacow con un equipo intelectual de lujo” como bien lo sintetiza la bajada de título de una nota que publica La Nación en su edición de hoy, firmada por Natalia Blanc.

   Cabe recordar que entre la destacada producción del Centro Editor de América Latina se cuentan dos de los primeros libros aparecidos en nuestro país sobre el humor gráfico y la historieta argentina, publicados ambos en 1972, temas incluidos también en dos de los fasciculos de la colección Capítulo dedicados a las literaturas populares. Sobradas razones entonces para reproducir en su totalidad la nota que evoca esta verdadera epopeya editorial y a la figura de su responsable: Boris Spivacow.

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Centro Editor: los 50 años de la fórmula para hacer libros masivos y de calidad

Por NATALIA BLANC

Una fábrica de cultura. Así definen los investigadores de la Biblioteca Nacional al Centro Editor de América Latina, editorial fundada a fines de 1966 por Boris Spivacow que publicó cerca de cinco mil títulos a lo largo de treinta años. Una muestra antológica, que inaugura hoy en el Museo del Libro y de la Lengua, rinde homenaje a este proyecto intelectual único que ofreció a un público masivo contenidos de calidad escritos por intelectuales en un estilo sencillo y didáctico mucho antes de que se pusieran de moda los libros de divulgación.

  La exhibición, montada en la sala Julio Cortázar, apunta a reconstruir el proceso de producción del Centro Editor, que fue al mismo tiempo industrial y artesanal: industrial por el gran volumen de publicaciones y la gran tirada de cada una (entre 10.000 y un millón de ejemplares, según el título) y artesanal porque se desarrolló a fines de la década de 1960, cuando todavía no había computadoras ni fotografía digital.

 centro2  El armado de la muestra reproduce una redacción de aquella época: hay mesas de diseño y armado de páginas, gabinete de revelado, tablero de arquitecto para el director de arte encargado de las portadas de los libros y los fascículos. El método de trabajo de Spivacow y equipo fue más parecido a una redacción periodística que a una editorial. “Centro Editor fue pionera en insertarse en la industria cultural para hacer publicaciones de calidad. Spivacow no se planteó la disyuntiva entre calidad y cantidad. Logró las dos cosas”, explicó Judith Gociol, del equipo de la BN, que estuvo a cargo entre 2006 y 2011 de un proyecto de investigación centrado en Spivacow, Eudeba y el Centro Editor. De ese proyecto surgió la mayor parte del material ahora expuesto por primera vez al público; otra parte proviene de donaciones recientes, como la de la familia de Aníbal Ford, que participó del CEAL. “Spivacow tenía una idea clara del lector al que dirigía los contenidos: un lector culto, de formación integral, y, al mismo tiempo, se proponía llegar a la mayor cantidad de gente posible. De ahí surge el concepto «Un libro al precio de un kilo de pan» que marcó el espíritu del CEAL, pionero en vender fascículos culturales a precios accesibles en los quioscos de diarios y revistas”, completa Gociol.

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El fascículo dedicado a la historieta, escrito por Jorge B. Rivera

En una pared se exhiben los principales títulos editados por el sello: Los hombres, Atlas total, Pintores argentinos del siglo XX, El país de los argentinos, La vida de nuestro pueblo, Polémica, Capítulo y Los cuentos del Chiribitil, entre otros. Fueron en total 79 colecciones dedicadas a la literatura clásica y contemporánea, la teoría crítica y literaria, el arte y las ciencias sociales, compuestas por entre 100 y 400 títulos cada una, con una tirada inicial de veinte mil ejemplares. Del volumen de publicaciones surge el título de la muestra: Una Fábrica de Cultura.

En una de las mesas se destacan las libretas de Spivacow, que registraba en forma minuciosa los detalles de cada colección: tema, contenidos, colaboradores, cantidad de fascículos, costo de producción y de distribución. “Tenía una idea realista de la edición, estaba muy lejos del editor romántico. Para conseguir dinero, les mandaba cartas a intelectuales en las que les contaba el proyecto y les pedía colaboración y apoyo financiero. También llegó a vender acciones de la empresa a empleados y a colaboradores, como Aníbal Ford”, completó la curadora. Las acciones que pertenecieron a Ford están expuestas, junto con una carta de Spivacow a Álvaro Yunque y una serie de recibos y cheques que dan cuenta de que el editor era, al mismo tiempo, contador y tesorero.

  Si bien por entonces existía un mercado ávido de las publicaciones del CEAL, Gociol resalta que cuando caían las ventas o una colección no resultaba exitosa Spivacow y equipo salían a buscar lectores. “Cuando no había público, lo inventaban”, dice la investigadora. Así, los fascículos llegaban a escuelas, hospitales, ferias barriales.

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El Museo del Libro, sede de la muestra en homenaje al CEAL

La calidad de los contenidos era, para Spivacow, tan importante como el estilo de los textos: por eso les pedía a los intelectuales que escribieran con un lenguaje sencillo, apto para todo público. Entre los principales colaboradores figuran Ford, Beatriz Sarlo, Graciela Cabal, Jorge Lafforgue, Jorge B. Rivera, Luis Gregorich, Jaime Rest y Oscar Díaz como jefe de arte. Hay un sector en homenaje a Díaz, con un tablero de trabajo y elementos que le pertenecieron, como reglas y plantillas de tipografías. Otro sector rinde homenaje a los fotógrafos, con cámaras y negativos con imágenes de la época.

  En una mesa de revelado fotográfico hay cubetas de colores. En cada cubeta se ve una escena de una secuencia histórica: la quema de libros del Centro Editor ordenada por un juez durante la dictadura militar, después de un juicio que duró dos años y que resolvió que el 30 por ciento de los títulos secuestrados en un operativo en 1978 eran “peligrosos para la seguridad nacional”. Así fue como en 1980 se quemaron 24 toneladas de libros del CEAL en un baldío de Sarandí. La filmación de aquella barbarie se proyecta en forma continua en la sección Víctimas del Horror.

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