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“Chingolo” Casalla: Maestro del jazz y la historieta

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   Reproducimos en forma textual la nota de Claudio Andrade publicada hoy en la sección ZONA del diario Clarín:   

 

   Carlos “Chingolo” Casalla no recuerda el año en que sucedió. No le cabe duda de que estaba Arturo Frondizi en el sillón presidencial. Corría 1959 o 1961. No sabe. Pero lo que sí ha quedado grabado en su memoria es la figura insistente del “Mono” Gatica en la boite del Tabaris que funcionaba en un subsuelo de Corrientes al 800, en Buenos Aires. “Chingolo” tocaba la batería en una orquesta que hacía un poco de jazz, otro tanto de fox trot y tango. Mario Clavel se ocupaba de los boleros. Los fines de semana aparecía el “Mono”. Hinchaba. Paseaba su humanidad por las mesas con torpeza de ex campeón. Molestaba a las señoritas.

 casalla-clarin Se hacía notar. Una noche un asiduo dijo basta. Se levantó de su mesa y sacó un revólver. Lo puso en la cabeza del otrora famoso boxeador. “Te rajás de acá o te cago matando, negro de mierda”, lo amenazó. “Monito”, aunque ya no era veloz de piernas, salió con viento de cola de la boite. Aquello ocurrió en esta vida. En el milenio anterior que es hoy un sueño en blanco y negro para “Chingolo”. El color en que ocurren las andanzas de su personaje El cabo Savino. Esta noche, siglo XXI, medio siglo después de aquella escena dantesca, en un chalet de Bariloche, acompañado por su segunda esposa, la escritora Carlota von Gebhardt, y a sus 89 años, habla de su creación como si fuera un amigo que está al caer a la cena. De un tío que anda por el desierto patagónico. “Era un civil que se hizo militar y se negó a tirarle a Juan Moreira a traición, entonces se hizo rebelde. Mantuvo los códigos de la institución pero andaba libre”, explica la génesis ficcional del reo.

   El cabo Savino y el dibujante que protagonizó la Epoca de Oro de la Historieta Argentina se gestaron mutuamente durante la infancia del tal Carlos Casalla, transcurrida entre el microcentro de Buenos Aires y un campo de La Pampa donde su padre trabajaba. Mientras que el jazzman, en que también se terminaría convirtiendo, se hizo mayor en la noche porteña. Por entonces (de los 40 a los 70) estaba nutrida de muchachos como Piazzolla, “Pichuco”, Pugliese, Canaro y otros. Chingolo formaba filas en las generaciones más jóvenes. Junto a él improvisaban Lalo Schiffrin, Baby López Furst, Enrique Villegas y Jorge Navarro.

  Su familia lo bautizó “Chingolo” porque, como el pájaro, era pequeño y escurridizo. Creció hasta convertirse en un hombrón de 1,85 pero nunca perdió el yeite de la movilidad. Casalla recuerda hechos como sacados de un sombrero elegante y profundo. Cuando pibito jugaba a la lucha de sables con su hermano en La Pampa. Pero los sables no estaban hechos de madera. “Los encontrábamos enterrados en la tierra. Les pertenecían a los antiguos soldados que hicieron la Conquista del Desierto. Nosotros no teníamos ni idea de que teníamos la historia en nuestras manos”, relata. Treinta años más tarde, Piazzolla lo saluda. Casalla está en el escenario de un café. Astor ya es famoso. Pero no ha venido a tocar. Hay una mujer que lo tiene loco. Los músicos lo saben. Ella anda por aquí. Este pasaje también ha quedado guardado en la biblioteca exquisita de su memoria. “No se puede vivir de la música, solo unos pocos pueden. Para eso hace falta un representante, ir a Japón”, dice. Pero “Chingolo” apostó por otro rubro tan o más improbable que el dibujo, la historieta. El artista remontó el azar en Editorial Columba. Y la pegó. Los productos de Columba conforman un great hit: “El Tony”, “Fantasía”, “D’artagnan” y “Nippur Magnum”. El éxito era tal que Casalla y sus amigos decidieron radicarse en la Patagonia. ¿Y si nos mudamos a una isla del Nahuel Huapi?, sugirió uno. ¿O a una playa privada?, imaginó otro. Probaron estos escenarios para volverse obscenamente felices. Una vez por semana enviaban por encomienda los dibujos a Buenos Aires. Hoy “Chingolo” ha estado dibujando en su cabaña-estudio. Hay posters de su banda, “La Chingolera”. A un costado, su batería.

  Casalla es un Aleph. Recuerda. En una esquina de la Diagonal Roca, un hombre ciego esperaba para cruzar. ¿Lo cruzo?, le preguntó Casalla, que era un jazzero respetado y un famoso dibujante. Borges, contestó, magro pero cortés: “por favor”. Del brazo fueron entonces “Chingolo” y Borges. Creador de Alamo Jim, El Cosaco y Perdido Joe, el uno; y “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, el otro. “Gracias”, se despidió el escritor que jamás sabría nada del cabo Savino. El mes pasado Casalla fue el anfitrión del Premio Nacional de Historieta. Llevaba su nombre. 500 personas lo aplaudieron cuando subió al escenario de la Biblioteca Nacional. “Tuve que decir, un momento por favor, y me largué a llorar. Ahora sí, muchachos, dije, y hablé”, cuenta. Se acordó de sus amigos y maestros. Pensó que a Savino le habría gustado participar del homenaje. Tanto tiempo ha pasado, cabo, tanto que ya no sé.

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Las mejores tiras de Clemente en un homenaje con mucho humor

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     Actualidad, ternura, picaresca y pirueta verbal. Algunos de los elementos que, desde 1973 hasta hace unos meses, estuvieron presentes en la creación más famosa de Caloi: Clemente. El personaje, a quien acompañaban otros tan entrañables como él, divirtió a millones de argentinos desde la página de humor de Clarín . Ahora, regresa en la colección Todo Clemente , que reúne sus mejores tiras.

  caloiclem  La colección está integrada por diecisiete libros que recorren la trayectoria de Clemente. Su primera aparición fue en marzo de 1973 en una tira donde Bartolo y su tranvía eran los protagonistas. Sin embargo, en poco tiempo, Clemente, una especie de pájaro, sin alas, a rayas negras y amarillas, fanático de las aceitunas, dominó la escena. A partir de entonces, aparecieron otros personajes. Entre ellos, Jacinto, hijo del protagonista y una “aceituna ancestral”; Mimí, su novia oficial; La Mulatona, que despierta sus ratones, y distintos tipos de “clementoides”, como el Clementosaurio y el Clemente Alado.

   Todos estos personajes están en Todo Clemente, una colección dirigida por María Verónica Ramírez, compañera de Caloi durante 25 años y co-realizadora del programa de TV Caloi en su tinta . Cada entrega tiene 80 páginas. Estará en los quioscos los lunes y podrá conseguirse con el cupón que aparece en el diario más $ 9,90. La primera, en tanto, saldrá gratis, con Clarín de mañana.

   Además de las mejores tiras, organizadas por año de publicación, los libros llevan prólogos que recuerdan a Caloi, quien falleció en mayo del año pasado. Quino, el creador de Mafalda, Cecilia Rossetto, Alejandro Dolina, César Luis Menotti y Horacio Ferrer son algunos de quienes se refieren a Caloi desde las páginas de Todo Clemente. También, el recuerdo de sus hijos.

   Por otra parte, en cada entrega, habrá un capítulo especial dedicado a los personajes y temas que Clemente trató, obviamente, con mucho humor. Entre ellos, las aceitunas, el Mundial de 1978 y la “batalla de los papelitos”, la piedra filosofal, el astrólogo, el nono y la ecología.

   En suma, el humor que Caloi desplegó desde las páginas de Clarín durante casi cuatro décadas, en una colección homenaje que será imperdible.

                               Fuente: Clarín (edición digital) 13/1/2013 

“Clarín” revive títulos de la Colección Robin Hood

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     Precedida de una intensa campaña de promoción y bajo el lema “¡Vuelve un clásico!”, Clarín concretará mañana 20 de diciembre (y luego cada dos semanas) el lanzamiento de una mini Colección Robin Hood que estará compuesta en total por 15 títulos, entre ellos “Corazón”, “El llamado de la selva”, “Las aventuras de Tom Sawyer” y “El mundo perdido”, que podrán ser apreciados en libros de tapa dura y con las ilustraciones de la colección original.

    ¿Qué se traerá entre manos el mal llamado “monopolio” con el rescate parcial de esta colección que -como dicen los avisos- hizo soñar a varias generaciones de argentinos?, ¿se tratará de una maniobra desestabilizadora surgida de la perversa mente del señor Magneto?, ¿un nuevo ataque a “la causa nacional y popular”, acaso? Dejemos de lado la paranoia y vayamos al núcleo de esta nota, que no es otro que descubrir los puntos de contacto entre esos libros y la historieta, vínculos que existen indudablemente y para lo cual es necesario rastrear su historia.

 UN LIBRERO PERSPICAZ Y UN EDITOR CENTENARIO

     La Colección Robin Hood fue un emprendimiento de Acme Agency, la editorial e importadora fundada por Modesto Ederra, de quien -como dato anecdótico- cabe mencionar que falleció en 2004 a los 102 años de edad. El mismo Ederra recordó en una entrevista que la sugerencia para su creación provino de “un librero que llevaba muchos años en la actividad y observó el interés que existía por cierto tipo de libros”, ese librero se llamaba AMADEO BOIS…sí, el mismo que luego fundaría su propia editorial dedicada las revistas de historietas, entre ellas Bucaneros, Centellas y Abordaje.

     Así es entonces como a partir de 1943 (algunos dicen 1941) y durante varias décadas aquellos libros con tapas de un amarillo rabioso fueron una presencia constante en las librerías y en los hogares argentinos. Se editaron en total 250 títulos que incluyeron la totalidad de los clásicos de la literatura universal y también obras de algunos autores argentinos, ganadores de los concursos de novela que organizaba la Editorial.

       Quienes han escrito con más detalle acerca de esta Colección no dudan en señalar como uno de su atractivos las magníficas  ilustraciones que durante años realizó Pablo A. Pereyra, que no hizo historietas pero que fue Director de Arte de Editorial Frontera y como docente formó a numerosos dibujantes que luego sí se dedicaron a ella. A propósito: cuando le presentaban un trabajo práctico con predominio del amarillo, Pereyra –medio en broma, medio en serio- le señalaba al alumno que ese color lo tenía cansado.

        Completando esta búsqueda de puntos de contacto con la historieta digamos que además de Pereyra, también ilustraron tapas  Franz W. Guzman, Martha Barnes y  Ernesto García Seijas, en tanto que Manuel Martinez Parma  y Agustín Llambí se contaron entre los historietistas que aportaron sus dibujos para las ilustraciones interiores de las diferentes obras, aunque en ese terreno predominó alguien alejado de los globos y los cuadritos: el gran Cristobal Arteche.

       En definitiva, que desde el lunes, los piratas, náufragos, principes y demás personajes de la  Colección Robin Hood irán en busca de nuevas aventuras y tras dos difíciles objetivos: tapar en parte el hueco que en el diario del lunes deja la ausencia de fútbol y ganar el interés de los jóvenes de la era digital, tan distintos (o quizás no) de aquellos que supieron cautivar durante tantas décadas. (CM)

IMAGENES: Tapa realizada por Pablo A. Pereyra y una de las ilustraciónes interiores de “Buffalo Bill” por Manuel Alejandro Martinez Parma.

 

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