TOP COMICS LES DESEA UN FELIZ AÑO NUEVO

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A los lectores de TOP COMICS, tanto en esta -su versión tradicional- como en Facebook, nuestros mejores deseos para el año a punto de iniciarse, y muchas gracias por el apoyo prestado durante 2015.

Historieta argentina: cuando el éxito llega primero afuera

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MUÑOZEn la edición digital del diario La Nación, se publica hoy martes una nota escrita por Juan Manuel Dominguez titulada  “Historieta argentina: cuando el éxito llega primero afuera”. Una de los casos que se cita es el de José Muñoz (foto), el dibujante que surgiera en Hora Cero y Frontera, pasó luego por Editorial  Yago y Columba y en los años setenta se radicó en Europa, convirtiéndose posteriormente en una figura de la historieta mundial. Aquí el enlace respectivo: 

http://www.lanacion.com.ar/1857821-historieta-argentina-cuando-el-exito-llega-primero-afuera

 

 

 

 

 

Leonero Brent, Randall y un merchandising pionero

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MERCHANDISINGfronteraextra10Releyendo ejemplares de Hora Cero dimos con un aviso en el que nunca habíamos reparado antes y que cobra actualidad en estos tiempos en que tanto se ha popularizado la utilización de imágenes de personajes de películas en los más variados objetos -lo que comunmente se denomina “merchandising”-, aunque esa palabra tiene un alcance más amplio.

  El aviso en cuestión, publicado en el Hora Cero Extra Nº 53 de noviembre de 1961, promocionaba dos modelos de remeras estampadas para niños, uno con la imagen de Leonero Brent y el otro con la de Randall, series realizadas por Jorge Mora-Jorge Moliterni y Héctor Oesterheld-Arturo Del Castillo, respectivamente. La del primero utilizaba el dibujo de tapa de Frontera Extra Nº 10 y el restante el rostro de Randall en un primer plano. Lo comentamos porque, dejando de lado el material  de Walt Disney que pertenecía a una empresa extranjera, era muy poco común que en aquellos años algún personaje de historieta local luciera su imagen en otro objeto u objetos que no fuera su revista de origen, salvo excepciones como Patoruzú. 

“TIJERA MATA DIBUJANTE”…

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ALBUM DE HIERRO 12  army-  Album de Hierro fue una publicación de Editorial Jet de la cual aparecieron una docena de números entre 1966 y 1968. Según la información que nos proporcionara Toni Torres cuando incluimos este título en Hemeroteca Top Comics, su material estaba compuesto básicamente por historietas que habían pertenecido a la Editorial Frontera, algo muy común en decenas de revistas aparecidas en ese tiempo y aún en tiempos posteriores.

    Pero como se ve, los editores no se conformaban con usar material que les salía gratis o casi gratis, sino que ni siquiera gastaban un mango en diseñar una tapa original, tal como surge de comprobar que la del Nº 12 que aquí se muestra es copia fiel de la de un ejemplar de Army War Heroes, de la norteamericana Charlton Comis, cosa que descubrimos por casualidad recorriendo el blog Tebeos de Factura Hispana (tebeosycomics.blogspot.fr), sitio dónde pueden descargarse infinidad de revistas de comics. 

      Esta práctica fue muy común en ese tipo de editores (tenemos en carpeta algunas otras “similitudes” para mostrar) y, pese a que algunos lo consideren una simple avivada o “picardía criolla”, lo cierto y lamentable es que privaba de trabajo a los dibujantes. (C.R. Martinez)

 https://hemerotecatopcomics.wordpress.com/category/album-de-hierro/

 

“Chingolo” Casalla: Maestro del jazz y la historieta

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   Reproducimos en forma textual la nota de Claudio Andrade publicada hoy en la sección ZONA del diario Clarín:   

 

   Carlos “Chingolo” Casalla no recuerda el año en que sucedió. No le cabe duda de que estaba Arturo Frondizi en el sillón presidencial. Corría 1959 o 1961. No sabe. Pero lo que sí ha quedado grabado en su memoria es la figura insistente del “Mono” Gatica en la boite del Tabaris que funcionaba en un subsuelo de Corrientes al 800, en Buenos Aires. “Chingolo” tocaba la batería en una orquesta que hacía un poco de jazz, otro tanto de fox trot y tango. Mario Clavel se ocupaba de los boleros. Los fines de semana aparecía el “Mono”. Hinchaba. Paseaba su humanidad por las mesas con torpeza de ex campeón. Molestaba a las señoritas.

 casalla-clarin Se hacía notar. Una noche un asiduo dijo basta. Se levantó de su mesa y sacó un revólver. Lo puso en la cabeza del otrora famoso boxeador. “Te rajás de acá o te cago matando, negro de mierda”, lo amenazó. “Monito”, aunque ya no era veloz de piernas, salió con viento de cola de la boite. Aquello ocurrió en esta vida. En el milenio anterior que es hoy un sueño en blanco y negro para “Chingolo”. El color en que ocurren las andanzas de su personaje El cabo Savino. Esta noche, siglo XXI, medio siglo después de aquella escena dantesca, en un chalet de Bariloche, acompañado por su segunda esposa, la escritora Carlota von Gebhardt, y a sus 89 años, habla de su creación como si fuera un amigo que está al caer a la cena. De un tío que anda por el desierto patagónico. “Era un civil que se hizo militar y se negó a tirarle a Juan Moreira a traición, entonces se hizo rebelde. Mantuvo los códigos de la institución pero andaba libre”, explica la génesis ficcional del reo.

   El cabo Savino y el dibujante que protagonizó la Epoca de Oro de la Historieta Argentina se gestaron mutuamente durante la infancia del tal Carlos Casalla, transcurrida entre el microcentro de Buenos Aires y un campo de La Pampa donde su padre trabajaba. Mientras que el jazzman, en que también se terminaría convirtiendo, se hizo mayor en la noche porteña. Por entonces (de los 40 a los 70) estaba nutrida de muchachos como Piazzolla, “Pichuco”, Pugliese, Canaro y otros. Chingolo formaba filas en las generaciones más jóvenes. Junto a él improvisaban Lalo Schiffrin, Baby López Furst, Enrique Villegas y Jorge Navarro.

  Su familia lo bautizó “Chingolo” porque, como el pájaro, era pequeño y escurridizo. Creció hasta convertirse en un hombrón de 1,85 pero nunca perdió el yeite de la movilidad. Casalla recuerda hechos como sacados de un sombrero elegante y profundo. Cuando pibito jugaba a la lucha de sables con su hermano en La Pampa. Pero los sables no estaban hechos de madera. “Los encontrábamos enterrados en la tierra. Les pertenecían a los antiguos soldados que hicieron la Conquista del Desierto. Nosotros no teníamos ni idea de que teníamos la historia en nuestras manos”, relata. Treinta años más tarde, Piazzolla lo saluda. Casalla está en el escenario de un café. Astor ya es famoso. Pero no ha venido a tocar. Hay una mujer que lo tiene loco. Los músicos lo saben. Ella anda por aquí. Este pasaje también ha quedado guardado en la biblioteca exquisita de su memoria. “No se puede vivir de la música, solo unos pocos pueden. Para eso hace falta un representante, ir a Japón”, dice. Pero “Chingolo” apostó por otro rubro tan o más improbable que el dibujo, la historieta. El artista remontó el azar en Editorial Columba. Y la pegó. Los productos de Columba conforman un great hit: “El Tony”, “Fantasía”, “D’artagnan” y “Nippur Magnum”. El éxito era tal que Casalla y sus amigos decidieron radicarse en la Patagonia. ¿Y si nos mudamos a una isla del Nahuel Huapi?, sugirió uno. ¿O a una playa privada?, imaginó otro. Probaron estos escenarios para volverse obscenamente felices. Una vez por semana enviaban por encomienda los dibujos a Buenos Aires. Hoy “Chingolo” ha estado dibujando en su cabaña-estudio. Hay posters de su banda, “La Chingolera”. A un costado, su batería.

  Casalla es un Aleph. Recuerda. En una esquina de la Diagonal Roca, un hombre ciego esperaba para cruzar. ¿Lo cruzo?, le preguntó Casalla, que era un jazzero respetado y un famoso dibujante. Borges, contestó, magro pero cortés: “por favor”. Del brazo fueron entonces “Chingolo” y Borges. Creador de Alamo Jim, El Cosaco y Perdido Joe, el uno; y “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius”, el otro. “Gracias”, se despidió el escritor que jamás sabría nada del cabo Savino. El mes pasado Casalla fue el anfitrión del Premio Nacional de Historieta. Llevaba su nombre. 500 personas lo aplaudieron cuando subió al escenario de la Biblioteca Nacional. “Tuve que decir, un momento por favor, y me largué a llorar. Ahora sí, muchachos, dije, y hablé”, cuenta. Se acordó de sus amigos y maestros. Pensó que a Savino le habría gustado participar del homenaje. Tanto tiempo ha pasado, cabo, tanto que ya no sé.

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