“Novela gráfica” es una  denominación -más bien un eufemismo-  muy utilizada en estos tiempos por la industria editorial  para designar a la historieta, suponiendo que así se podrá atraer a un lector al que dicha palabra o comic le pueda sonar a cosa poco seria.  Obviamente estas nuevas producciones nada tienen que ver con las de la época en que se llamaba “novela gráfica” a la historieta por la sencilla razón de que mayoritariamente eran adaptaciones de obras literarias en las que el texto predominaba sobre la imagen.

    En la historieta norteamericana sin embargo la  “graphic novel” o “comic-novela” tuvo características muy distintas, básicamente se trataron  de obras llevadas a cabo a inicios de los años setenta por artistas cuyo empeño -en palabras de Javier Coma (*)- significaba “la ósmosis final de dos tentativas paralelas de hegemonía desarrolladas a lo largo de la historia de los comics realistas: la del dibujante por eliminar las pictoricamente poco lucidas “viñetas de paso” y exhibir su talento gráfico en espectaculares ilustraciones de los momentos culminantes, sustituyendo las primeras por apoyos literarios de difícil brillantez y remitiendo también a los bloques de texto los diálogos que en forma de “balloon” hubieran podido entorpecer sus diseños (…) y la del guionista por fijar previamente a la visualización el montaje y los contenidos gráficos de la plancha, resultando así éstos de la creatividad escrita y de la consiguiente prepotencia literaria”. Producto de esta búsqueda fueron trabajos como “Blackmark” de Gil Kane, “Tarzán de los monos” es decir la primera de las novelas de dicho héroe a cargo de Burne Hogart y “Outland” de Jim Steranko.

       Sin embargo el concepto básico de la “graphic novel”  había

Blackmark

sido desarrollado ya en la Argentina varios años atras por la dupla creativa conformada por Héctor Oesterheld y Arturo del Castillo. Tras su aparición en el Suplemento Semanal de Hora Cero, “Randall the killer” llega por primera vez a la edición Extra en el número 2 (junio 1958), repite en el número 3 (agosto 1958) junto con una doble página donde se lo promociona y sus siguientes apariciones se producen recién en mayo y junio de 1959. Tras un nuevo paréntesis Randall vuelve a Hora Cero Extra en el número 14 (octubre 1959) pero con una resonante innovación, en lugar de la página clásica con cuatro hileras de cuadros ahora se combinan cuadros con ilustraciones a gran tamaño y extensos bloques de textos, en una llamativa experiencia que le permite a Oesterheld desarrollar su gusto por la narración y a Arturo del Castillo lucir su virtuosismo en el manejo de la pluma, en síntesis una verdadera “graphic novel”  que se adelantó en casi una década a la versión norteamericana.  Esa novedosa modalidad se repitió en los números 16 y 19 (marzo 1960) y quizá en el 15 y el 18 que no tenemos. A partir de allí Randall vuelve a estar ausente del Hora Extra Extra hasta julio de 1960 pero ahora a cargo de Cirilo Muñoz, que la seguirá dibujando hasta muy entrado 1961.  (C.R.Martinez)

(*) “Rutas de pioneros hacia Eldorado de la comic-novela”, artículo publicado en el fascículo 32 de la Historia de los Comics editada por Toutain

ACTUALIZACION DEL ARTICULO: En un comentario efectuado a esta nota Domingos  Isabelinho  brinda el siguiente listado de apariciones de Randall en Hora Cero Extra dibujadas por Del Castillo: 2-3-9-10-12-14-15-16-17-18-19 y 20, y tiene razón. En el apuro omitimos la 12 y la 20 y en cuanto al Nº 15 y el 18  como dijimos no contamos ya -lamentablemente- con esas ediciones.

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