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Algunas consideraciones sobre el “Super Misterix” de Yago y el Nº 1 para descargar

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Luego de varios meses de espera originados en ciertos desencuentros con el el sistema “puerta a puerta”, pudimos acceder a los seis primeros números de la revista Super Misterix editados por Editorial Yago a partir de 1962 y sumarlos a otros cuatro que ya poseíamos. Cumpliendo una promesa hecha a principios de año les ofrecemos aquí el link para la descarga del Nº 1 y una serie de referencias sobre este título que -debido a la época en que apareció- no tuvo el éxito que su calidad merecía, desapareciendo tras una veintena de números, tal vez menos.

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El primer número, diseño de tapa de Alberto Breccia

A fines de 1961 Editorial Abril deja el negocio de la historieta -salvo lo referido personajes de Disney- y vende sus títulos a Editorial Yago que en enero de 1962 comienza a editar Rayo Rojo, Misterix y Cinemisterio. Las dos primeras siguieron teniendo ediciones semanales y también álbumes mensuales mientras que de Cinemisterio (título que había sido  discontinuado a mediados de los años cincuenta) solo conocemos su versión en álbumes periódicos.

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Episodio que parece ser el prólogo a la serie que se publicaba en el Misterix semanal pero que apareció poco después de iniciada ésta.

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Watami”, obra antológica de la historieta argentina, tanto por su guión como por sus extraordinarios dibujos

La cara visible de Yago era Francisco Romay quien en una primera etapa de la editorial tuvo como asesor creativo y director de alguna de las publicaciones nada menos que a Hugo Pratt. Ambos se dan a la tarea de renovar a Rayo Rojo y Misterix con nuevos personajes y dibujantes pero manteniendo series emblemáticas como “Misterix”, “Bull  Rockett” y “Fuerte Argentino”, proceso este del cual hablamos oportunamente en la nota cuyo link figura debajo de estas líneas.

https://luisalberto941.wordpress.com/2019/02/28/una-rareza-el-misterix-apaisado-de-yago/

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Ahora bien, en la época de Editorial Abril se editaban números especiales de Misterix conocidos como Super Misterix que, a diferencia de la versión semanal,  ofrecían episodios completos. Yago revive ese título pero con una variante novedosa, en lugar de aparecer una o dos veces al año esta vez los hará mensualmente y con episodios que tendrán continuidad temática aunque sean autoconclusivos. Estos mensuarios no tendrán numeración propia sino que -al igual que su antecesor- figurarán como Suplemento de una edición semanal. 

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Con esta tónica es que en Agosto de 1962 aparece el primer Super Misterix de la era Yago figurando como “Suplemento del Nº 715”. La revista -nos parece a nosotros- estaba estructurada en base a tres series de Héctor Oesterheld: “Watami”, “Santos Palma” (un joven del interior que alcanzaría el estrellato automovilístico) y “Los Marcianeros”, a los que en números posteriores se sumarían “Bull Rockett”, “Misterix”, “Fuerte Argentino”, “Joe Gatillo”, historietas unitarias e incluso, tal vez para cubrir un hueco, viejos episodios de “Sargento Kirk”. Dado lo extenso de los episodios presentación de las tres series principales, el primer número se completa con una breve unitaria de “Mort Cinder” (que había comenzado a publicarse en el Nº 714) y otra de “Garret”, personaje que también habitaba la versión semanal.

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Número de septiembre de 1962. Las ilustraciones del granadino Carlos Cruz, un atractivo más de la revista

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Noviembre de 1962

Los primeros números de Supermisterix constaban de 64 páginas (más tapas) en tamaño 19,5 x 28 centímetros pero ya desde el mes de diciembre esa cantidad se reduce a 48 páginas interiores, señal de que las cosas no andaban del todo bien. También se evidencian problemas en la continuidad de “Marcianeros”, que fue iniciada por Solano López, continuada más tarde por Julio Schiaffino y Di Benedetto y que estuvo ausente en más de un número quizá por falta de tiempo del dibujante o el guionista para cumplir con los plazos. A propósito de Oesterheld digamos que hacia junio de 1963 comienza a aparecer otra creación suya, “Lobo Cruz”, con dibujos de Daniel Haupt. 

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Diciembre 1962

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Enero de 1963, Suplemento del Nº 739

Así, en medio de un clima cada menos propicio para la historieta fue transcurriendo la corta existencia de Super Misterix, revista de la cual según Andrés Ferreiro aparecieron “una veintena de números”. Como dijimos el primero es de agosto de 1962 y el último del que tenemos referencia es de enero de 1964 (final de Watami) pero creemos que pudo haber algún mes en que no apareció (*), como en octubre de 1962 o febrero de 1963.  Con todo, el Super Misterix, con su apuesta al material nacional supo dejar su huella y -aunque más no sea por el hecho de haber publicado una serie como Watami- se ha ganado un lugar de preferencia en nuestra hemeroteca. 

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Marzo de 1963

Finalmente les dejamos el link para que puedan descargar el primer número de Super Misterix, revista a la cual le dedicaremos una segunda nota mostrando otros de sus personajes, más tapas y alguna que otra rareza. Que lo disfruten como lo disfrutamos nosotros pese a que escanear no es uno de nuestros deportes preferidos  (CRM)    

https://mega.nz/#!2Cw1xSzB!y_M4-GkjqzMoDsDVcOjcvO-hvGU7H4_Au_KYYx4gWTc

(*) Tomando como referencia la recopilación de Watami publicada por Ediciones Record, los 7 episodios que allí aparecen coinciden con los siete que aparecieron en Super Misterix entre agosto de 1962 y abril de 1963, salvo que dicha serie no haya aparecido en los respectivos números de octubre del 62 y febrero del 63.

 

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Actualización de la nota sobre el “Día D”

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Como un complemento de la citada nota hemos incluido en su parte final un material que nos hizo llegar Ascanio Adalberto Martinez (Ascanio). Se trata de una historieta breve con guión de Héctor Oesterheld y dibujos del propio Ascanio titulada “Los pantanos de Saint Mere L’eglise”, publicada en el último número de Hora Cero Extra en mayo de 1963.

https://luisalberto941.wordpress.com/2019/06/06/el-dia-d-contado-por-ernie-pike-en-batallas-inolvidables-final/

El “Día D” contado por Ernie Pike en Batallas Inolvidables ( Final)

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Un puñado de imágenes más para sintetizar el contenido del Nº 4 de la Colección Batallas Inolvidables dedicada a la Operación Overlord, el desembarco en Normandía del cual hoy se cumplen 75 años.

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Como era habitual en la Colección, cada número se cerraba con la sección “De los apuntes de Ernie Pike”, generalmente ilustrada por Leopoldo Durañona.

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ACTUALIZACIÓN: 

Como un complemento de esta nota incluimos un material que nos hizo llegar Ascanio Adalberto Martinez (Ascanio). Se trata de una historieta breve con guión de Héctor Oesterheld y dibujos del propio Ascanio titulada “Los pantanos de Saint Mere L’eglise”, publicada en el último número de Hora Cero Extra en mayo de 1963. Aquí el enlace respectivo:

https://mega.nz/#F!SWByhKrK!tk7lVP2bubdZuywlwe8TDw

 

 

Novedades en el blog dedicado a Billiken

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En los últimos días ha habido novedades en el blog que creamos hace un año para homenajear a Billiken. Por una parte hemos “mudado” algunas de las notas existentes aquí en la página “Billiken sus dibujantes y sus historietas” y por otra hemos incorporado nuevo material, tal los artículos sobre FEDERICO RIBAS y la serie “ANA DE LA JUNGLA”, este último de gran repercusión teniendo en cuenta que su autor fue nada menos que Hugo Pratt.  

https://billiken100wordpres.wordpress.com/

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Dibujando en la bañera…o cómo producir un comic book en un fin de semana

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El título de esta nota no es del todo exacto pero la anécdota que se cuenta en ella es real, fue tomada del primer volumen de “History of Comics” de Jim Steranko y resulta demostrativa de cierto espíritu bohemio que rodeo a esa actividad en la denominada Edad de Oro.

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Dibujo de Bill Everet publicado en “History of Comics” de Jim Steranko

  A comienzos de los años cuarenta la naciente industria del comic book norteamericano vivía su edad dorada. Tras las huellas de Superhombre y Batman surgían una pléyade de justicieros enmascarados o con poderes especiales, se vendían millones de ejemplares y a diario surgían nuevos títulos y editores, muchos de ellos improvisados pero atraídos por la posibilidad de ganar dinero.

     En ese universo de nuevos personajes descollaban “Sub-Mariner” y  “The Human Torch”, creados respectivamente por Bill Everett (1917-1973) y Carl Burgos (1916-1984) y que junto con el Capitán América eran –hacia 1940/41- los productos más populares de una editorial regenteada por Martin Goodman llamada Timely, luego Atlas y  finalmente…Marvel Comics.

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SubMariner en la revista Sabú, 1954

    Ambos personajes habían aparecido en 1939 y eran literalmente el agua y el fuego. A veces héroe, a veces villano, Sub-Mariner -considerado el primer mutante de la historieta- era hijo de un marino y de una princesa de la ciudad submarina de Atlantis. La Antorcha Humana por su parte era un androide producto de un experimento fallido y que finalmente se rebelaba contra la ambición del científico que lo había creado. Siguiendo el modelo de Batman lo  acompañaba en sus aventuras un joven ladero (sidekick) llamado Toro.

¿EL PRIMER “CROSSOVER”?

    En algún momento del año 1940 o 1941 y aquí se inicia la anécdota, Everett y Burgos que eran amigos y ya habían trabajado juntos en otra editorial pensaron que sería interesante crear una historieta donde ambos personajes lucharan entre sí. El proyecto  llegó a oídos de Martin Goodman a quien no solo le gustó la idea sino que exigió que el respectivo comic book estuviera listo inmediatamente…inmediatamente era ¡para ese fin de semana!

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   Todo lo que sabían Everett y Burgos era que Sub-Mariner y La Antorcha Humana tenían que tener una pelea, pero unieron sus fuerzas para cumplir con el plazo (más bien el ultimátum) dado por Goodman. Se hizo correr la voz para que todo aquel que estuviera disponible entre viernes, sábado y domingo pudiera colaborar en lo que fuera, desde sacar punta a los lápices a borrar páginas. El departamento de Everett fue elegido como “la escena del crimen” y se ordenaron cajas de cerveza y bandejas de sándwiches.

UN CAOS ORGANIZADO

   Everett y Burgos se sentaron a dibujar las primeras dos páginas sin tener la más mínima noción sobre el argumento. La convocatoria había reunido a una decena de voluntarios que comenzaron a aportar sus habilidades. John Compton comenzó a esbozar un guión; Jack Darcy de Hillman Publications encontró un rincón y comenzó a trabajar; Mike Roy y Harry Sahle se pusieron a dibujar fondos; George Kapitan y Harry Chapman acercaron sus talentos de escritores mientras que un tal Joey Piazza, siendo incapaz de encontrar un sitio para trabajar instaló su cuarto de escritura… en la bañera.

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   Los desgloses eran dibujados a lápiz tan pronto como se completaban las sinopsis de cada página. Los diálogos definitivos eran escritos directamente en las páginas y entonces pasados a tinta. Todos se unieron para producir la historia página por página, inventando a medida que avanzaban.

   Según el testimonio de Everett que Steranko evoca en su libro, el piso estaba cubierto de hojas de papel mientras que las botellas se amontonaban en los rincones. Se intercambiaban ideas a los gritos. Artistas y guionistas dormían por turno y la radio y el tocadiscos sonaban a todo volumen. El alboroto motivó que los vecinos se quejaran y llamaran a la policía. “Parecía la versión de la industria del comic de la película “Sopa de Ganso” (*) recordaba Everett, agregando que pese a todo el trabajo se terminó a tiempo y la revista fue un éxito y concluía diciendo: “La era del comic book de 10 centavos fue la más romántica y aventurera”.

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Que lo anteriormente narrado era algo habitual en aquellos tiempos lo certifica el dibujante y dramaturgo Jules Feiffer en su libro “The Great Comic-Book Heroes”, uno de cuyos pasajes puede verse reproducido en el fascículo 9 de “Historia de los Comics” editada por Toutain. Dice allí: “Y lo peor eran los fines de semana. Un amigo podía pedir ayuda: se había comprometido a reunir una pila de 48 páginas en ese fin de semana –un libro nuevo, con nuevos títulos y nuevos héroes- para ser creado, escrito y dibujado entre las 6 del viernes y las 8,30 de la mañana del lunes. Las prensas (impresoras) estaban reservadas para las nueve”. Claro, uno no puede dejar de imaginar qué tipo de producto podría resultar de eso, pero en fin, no rompamos el encanto que aquellos tiempos pioneros siempre generan.

                                                                      Carlos R. Martinez       

   (*) Famosa película de los Hermanos Marx.

 

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