gutierrez-almanaqEl “Almanaque Criollo” fue una sección que entre 1966 y 1968 (al menos engutierrez-almanaq2 lo que tenemos en nuestro Archivo) se publicó en Album de El Tony e Intervalo Album. Consistía en una página -siempre al final de la revista- donde aparecían los calendarios correspondientes a dos meses del año y que se completaba con una estrofa de los “Consejos del Viejo Irala” de Alberto Vacarezza, continuados luego (1968) con los “Consejos Brocherianos” del  Presbítero Julio Treviño, título que hacía referencia a José Gabriel Brochero, conocido como el Cura Gaucho. Cada una de esas estrofas iba acompañado por una ilustración firmada por Gutiérrez, del cual sabíamos que se llamaba Pedro y tenía detrás de si una extensa carrera en el campo del dibujo. Pero había algo más:  en el caso de los Consejos Brocherianos aparecía también un retrato (tirando a caricatura) de Brochero,  elemento mediante el cual pudimos determinar que el “Gutiérrez” que hacía historietas de aventuras en revistas de Columba era este mismo Pedro Gutiérrez, quizá no un dibujante extraordinario pero cuyo extenso vínculo con este medio merece ser recordado. Esta es su historia.  

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Figuritas, 1941

 LA BARRA DE CANDELARIO

    Según lo señala Enrique Lipszyc en sus “Décadas de la Historieta Argentina” Pedro Gutiérrez se inició en el dibujo desempeñándose brevemente como ayudante de Dante Quinterno, tras lo cual publicó en 1929 en La Novela Semanal la historieta “La barra de Candelario”, a la que seguirían entre 1939 y 1940 títulos como “Juan Pereyra”, “Falucho” y “Taponazo”, varias de ellas en la revista Figuritas y si nos apuran un poco podríamos arriesgar que fue además uno de los dibujantes de “Raulito, el gato atorrante” en El  Tony.  En 1941 – siempre según Lipszyc- Gutiérrez concreta su primera historieta seria titulada “Hacia otros mundos”; no indica en que revista lo hizo pero las opciones no eran muchas, pudo haber sido también en Figuritas o a lo sumo en  algún título de Lainez o de Tor, muy difícilmente en El Tony.

 

"La barra de Candelario", 1929

“La barra de Candelario”, 1929

Poncho Negro, 1956

Poncho Negro, 1956

    Aquella incursión de 1941 no parece haber tenido continuidad y Gutiérrez siguió ligado al humor gráfico, campo en el cual en 1951 integró el equipo de colaboradores de la revista Ping-Pong para la cual realizó el personaje homónimo (también lo hacía Giraldo) y otro denominado “Catapato”. Para la misma época –mediados de los cincuenta- uno de los primeros folletos de la Escuela Panamericana de Arte lo incluía junto con Fernand y José María Clemen en el grupo de dibujantes que habían “ayudado también a desarrollar” el Curso de los Famosos Artistas, señalando además su actividad en el campo del dibujo publicitario y la ilustración. De ese folleto o mejor dicho de una fotocopia del mismo sacamos la foto que ilustra esta nota.

 DE PONCHO NEGRO EN ADELANTE

 

Pedro Gutiérrez

Pedro Gutiérrez

    En 1956 Gutiérrez vuelve a alternar el dibujo de humor con la historieta de aventuras y se suma a la larga lista de dibujantes que realizaron Poncho Negro, aunque el nivel de su dibujo hace suponer que previo a dicha serie había realizado otros trabajos que desconocemos. En definitiva, ya a finales de los años cincuenta su firma se hace habitual en las diversas revistas que editaba Columba, ya fueran de periodicidad semanal o los álbumes mensuales. A esa etapa pertenecen entre otras “Gunga Din” (Album El Tony, 1961), “Peligro en la sombra” (Fantasía, 1963), adaptaciones de películas como “Juramento de Venganza”  (D’Artagnan) son muestras de ese trabajo tanto en el género de aventuras, policial e historias de la vida cotidiana en Intervalo, a lo que  debe sumarse el género gauchesco a través de  la serie “Hombres de Fortines” que realizó en el Album de El Tony. También a inicios de los años sesenta colaboró en la revista Fuego con historietas de tema bélico.

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gutierrez-ley “Los mártires” (Fantasía, 1971), “Un pistolero a sueldo llegó a Detroit” (1971) y la serie “Años sin ley” (1975) ambas en D’Artagnan y ambientadas en los años veinte son parte de la etapa final de Pedro Gutiérrez en Columba, donde dibujantes de larga trayectoria como el caso de Fernand iban siendo reemplazados por otros estilos gráficos más modernos. Alejado de cualquier virtuosismo, la obra de Gutiérrez destaca no obstante por una forma  de dibujo que lo hacía claramente identificable. Haciendo un juego de palabras y sin ningún animo peyorativo, todo lo contrario, podríamos decir que fue no un “ilustre desconocido” sino un desconocido ilustre de nuestra historieta. (C.R. Martinez)

 

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