Como lo saben los habituales seguidores de este blog, en TOP COMICS nos gusta jugar a veces con las efemérides, buscando relaciones o coincidencias entre las mismas y temas relacionados a la historieta.  En este caso nos ocuparemos del Día de la Enfermera o  Día de la Enfermería Argentina  que se recuerda hoy 21 de noviembre, fecha elegida -según la fuente consultada- por coincidir con la festividad de la Virgen de los Remedios. Hecha esta introducción nos ocuparemos de dos enfermeras de ficción que saltaron desde el consultorio a los cuadritos de la historieta y que, llegado el caso, cambiaron la temible jeringa hipodérmica (o el no menos temible aparatito para las enemas) por una pistola 45 u otro objeto contundente con el cual combatir a sus enemigos.

    La primera en orden cronológico es “Myra North, special nurse”  dibujada  por Charles Coll sobre guiones de Ray Thompson (se publicó  en Pif-Paf  en los años cuarenta como “Nora la enfermera”) serie que comenzó como tira diaria en 1936 y meses después tuvo su página dominical.  Lo de Myra o Nora poco tenía que ver con el día a día de la profesión médica, ya que habitualmente  estaba persiguiendo a criminales y espías internacionales o por el contrario tratando de librarse de los peligros que la acechaban en distintas partes del mundo a donde la llevaba su vocación aventurera. Tanta actividad terminó agotándola o agotando a sus creadores, ya que la tira diaria finalizó en 1939 y la dominical en 1941.

       Mucho más reposada era “Dorita la enfermera”, que comenzó a aparecer en 1951 en el Nº 1 de la revista Ping-Pong, en cuyas páginas se mantuvo hasta la desaparición de ese título a mediados de esa década. Dorita ( que se publicó también en Pasiones Blancas que pertenecía a la misma editorial) tenía guión de Mig y la dibujaron Guillermo Letteri y luego A. Bruno. En su libro “Rayos y Centellas” dice Carlos Altgelt refiriéndose a este personaje: “De todas sus aventuras, yo siempre recordé el episodio completo de “Dorita, la enfermera”.  Y no era ni por sus guiones ni por sus dibujos.  Era porque, indefectiblemente, todas sus aventuras, por lo general de tres páginas, terminaban con Dorita diciendo que el único mérito de lo que hizo fue cumplir con su deber, o palabras de tal efecto”. Y en efecto como dice Carlos,  en cada final de un episodio Dorita diría frases como  “y que Dios nos ayude siempre a cumplir nuestro deber”, “cumplía con mi deber”, “era mi deber y nada más” ó “Que difícil es a veces cumplir con nuestro deber”. A diferencia de su colega yanqui, lo de Dorita era más bien resolver conflictos familiares o a lo sumo participar de alguna trama levemente  policial o de misterio.  

  Por último y más allá de esta breve recordación de dos enfermeras de la historieta, vaya nuestro saludo a quienes desempeñan esa sacrificada profesión, aportando no solo sus conocimientos como auxiliares de la ciencia médica, sino también la palabra o el gesto que ayudan a mitigar el dolor ajeno.  (C.R. Martinez)

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