“Un camino a la emoción” no es en este caso una muestra de nuestro innegable ingenio para titular (modestia aparte) sino efectivamente el slogan de Ping-Pong,  “revista de historietas planeada, escrita y dibujada para entretenimiento de todos los niños de habla castellana” que apareció en septiembre de 1951 “bajo la garantía moral” de Editorial Difusión, empresa vinculada a la Iglesia Católica que tenía su redacción la calle Herrera 527 y que posteriormente editó también una revista de historietas románticas pudorosamente titulada Pasiones Blancas. Trataremos de brindar un panorama sobre el tipo de material de lectura que ofrecía  Ping-Pong  valiéndonos para ellos de cuatro ejemplares correspondientes a 1952 y 1953, dos de nuestra propiedad y otros dos facilitados por un coleccionista amigo.

 PARA TODOS LOS GUSTOS

  Comenzamos con el  Nº 21  correspondiente al  28 de enero de 1952, ejemplar  de 20 páginas (que era la cantidad habitual,  cuatro de ellas en color y el resto en blanco y negro) que  presentaba nada menos que 15 historietas según el siguiente detalle: la humorística  “Ping- Pong” con dibujos de Pedro Gutierrez; “Vindicator el corsario justiciero” por Leandro Sesarego; dos páginas dedicadas a “Juan Montiel soldado de la libertad” de tema histórico y dibujada por  Carlos Raineri; “Arizona, caballero del Oeste”, material de origen extranjero; “Fosforito y su barra” por Giraldo; dos páginas dedicadas a “Mascarel campeón de la justicia” que no es otro que The Spirit, aunque aquí aparece uno de sus personajes secundarios; “Brick Bradford”, “Fotograma el mago de la cámara” dibujada por Vinicius; “Bravinoble el terror de los malvados” por Gassmann;  “El sargento Morales de la Gendarmería Nacional” por José Clamen;  “Varela el rastreador” por Novelle; una adaptación de  “Veinte mil leguas de viaje submarino” de Julio Verne (material importado);  “Drago  el rey de los bosques” un simil de Tarzán dibujado por Taggino; Steve Canyon bautizado como “Steve Cañon”  y “Catapato” otra humorística por Gutiérrez,  también en color.

LAS ANDANZAS DE PING Y PONG

      Continuamos este recorrido por distintos ejemplares de Ping-Pong ahora con el Nº 34 aparecido el 28 de abril de 1953, en el cual se mantiene  la misma cantidad de material y de historietas,  salvo que no se publica “Catapato” y “El Sargento Morales” está dibujado por Enrique Meier, dibujante al que le dedicáramos una nota recientemente.  Sí se aprecian cambios en el Nº 62, correspondiente al 21 de noviembre de 1952, cambios que radican fundamentalmente  en una menor cantidad de historietas (solo nueve) y el consiguiente incremento de páginas para algunas de ellas, además de la aparición de nuevos personajes como “Dorita la enfermera” por el italiano Guillermo Letteri; “Al y Dan” de los hermanos Haupt; “Mario Duval, criminalista” escrita y dibujada por Taggino  y se mantienen  las humorísticas “Ping Pong” y “Catapato”, “Brick Bradford”, “Juan Montiel  y “El Sargento Morales” que cambia otra vez de dibujante: ahora Juan  Clémen. Finalmente en el Nº 100 del 3 de  agosto de 1953  solo encontramos ocho historietas: “Dorita la enfermera” ahora dibujada por Bruno, “Al y Dan”, “Fosforito y su barra”, “Juan Montiel”, “Mario Duval”, “Brick Bradford”, “Ping-Pong” por Giraldo y como novedad “El Fustigador”, un western de origen americano. La historieta que daba nombre a la revista era realizada por Pedro Gutiérrez (luego uno de los dibujantes de Poncho Negro) y por Giraldo, sobre guión de “Tinez”. De carácter humorística ocupaba las retiraciones de tapa o contratapa impresas en color y consistía en el enfrentamiento entre un demonio llamado Ping y su contraparte Pong, vestido con ropa de aviador, casco y antiparras y una especie de hélice en su cabeza.   

EL FINAL DEL CAMINO

    Como puede apreciarse, al enumerar los distintos personajes publicados en Ping-Pong mencionamos solo a los dibujantes, en parte para no abrumar con tantos apellidos y también para dedicar un párrafo especial a los guionistas, no tanto por la calidad del material sino por la variedad de extraños seudónimos utilizados, tales como “Mig”, “Aquiles”, “Tinez”, “Tanki”, “Evalanos”, “Elan”, “Laid”, “Valosena”, “Eider”, “Aquese”, “Nankita” y “Solvana”, detrás de algunos de los cuales imaginamos que pudo haber estado el director de la revista: Quintana Soler o Solé.  Siguiendo con el tema de los argumentos era común que junto con el del dibujante y el guionista apareciera un tercer nombre o seudónimo precedido de la frase “un personaje creado por”. Calidad literaria aparte, habría que destacar  la alta proporción de material local, casi un 80 % en los números reseñados, y la intención de tratar temas nacionales, ya fueran históricos o de actualidad y de abarcar géneros como el policial, espionaje o las aventuras en la selva. En cuanto a otras características de la revista pueden mencionarse los avisos de distintos institutos de enseñanza (dibujo, gimnasia, relojería, et.) que ocupaban habitualmente la contratapa y otros de tamaño pie de página que podían ser de firmas comerciales o promociones de las distintas colecciones de libros que publicaba Editorial Difusión. Olvidábamos decir que Ping-Pong aparecía todos los lunes, costaba 70 centavos y que ese “camino a la emoción” propuesto desde su título no logró extenderse más allá de mediados de los años cincuenta. (C.R. Martinez)

NOTA: Para una mayor comodidad en la diagramación mostramos solo fragmentos de algunas historietas publicadas en Ping-Pong. De “Al y Dan”, “Bravinoble” y “El Sargento Morales” pueden verse imágenes en las respectivas notas sobre Daniel Haupt, Popi Gassmann y Enrique Meier.

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