“Cuando su familia le alquiló la parte de adelante de su casa de Villa Pueyrredón a los Zanotto, Alberto Caruso (68) no imaginó que esa decisión le cambiaría el destino. Los inquilinos tenían un hijo llamado Juan y, como recién habían llegado de Italia, no tenían muchos conocidos en el barrio. Por eso Alberto y Juan se hicieron muy amigos. La vivienda de los Caruso fue el escenario de los primeros trazos que ambos hicieron sobre un papel: “Fue en 1947 y con el tiempo Juan se transformó en un dibujante muy reconocido por su trabajo en Henga. Yo era unos cinco años más joven y desde ese momento me quedé enganchado con el dibujo gracias a él (…) Empezamos nuestras carreras casi juntos”.

 

Comanche, 1960

   Tomado de una nota escrita por Javier Perpignan que se publicó en febrero de 2010 en el diario digital El Barrio Online, el párrafo antes reproducido nos sirve para situarnos en los comienzos de la trayectoria de Alberto Caruso, una carrera que tuvo como disparador ese vínculo con Zanotto y que en lo profesional se inicia en 1959 en las revistas que publicaba Carlos Clemen a través de su sello editor Cleda. Precisamente en una de esas publicaciones -el Nº 4 de Comanche, del 17 de mayo de 1960- encontramos una historieta titulada “No hay que apresurarse”, un western escrito por Pedro Mazzino  donde Caruso demostraba ya un  buen nivel de dibujo y sobre todo un limpio pasado a tinta, cosa no muy frecuente en un dibujante novicio.

  

Hiora Cero Extra, 1961

Siempre de acuerdo a los datos de nuestro archivo lo encontramos en 1961 colaborando en Hora  Cero Extra y Frontera Extra con episodios de Ernie Pike  y “Del Cuaderno Rojo de Ernie Pike”, mientras que en 1963 en la revista Fuego dibuja la historieta “Arenas infernales” y colabora en Misterix donde, entre otros trabajos, aporta “El inspector Fuentes y “Arenas en llamas” (1964), trabajos éstos que habían sido publicados también en el vespertino El Siglo, de Editorial Haynes. Respecto a las influencias recibidas en sus inicios  Caruso decía en la referida nota: “Cuando comencé seguí a varios dibujantes buscando lo que más me gustaba de cada uno. De acá tuve a Alberto Breccia y de algún modo tomé algo de él. También les saqué cosas a Hugo Pratt y Harold Foster. Hasta que descubrí a un dibujante italiano, Gino D’Antonio, que tenía dibujos clásicos y era muy dúctil”.

    

D'Artagnan, 1965

A mediados de los sesenta -1963 según sus palabras- Caruso comienza a colaborar en Editorial Columba, vínculo que aunque con interrupciones se mantendrá por espacio de treinta años. Entre otros trabajos de aquella época pueden mencionarse “Extraño parecido” (1965) ó “Morir en Sicilia” (1966), y posteriormente  “La magia suprema”, historieta escrita por Oesterheld publicada en D’Artagnan en 1972  ó “El gran banzai”, de 1975. Como se ve el tema bélico era predominante en su obra al igual que en su extensa colaboración con editoriales inglesas y la  italiana Eura, no obstante lo cual también abordó historias de género policial y romántico. 

       En los años ochenta Caruso colabora también en Record siempre con historias de guerra como “El hombre que no debía morir”, ambientada en Vietnam pero alterna esos trabajos con una tira erótica en Sex Humor. También en esa década se inicia en la enseñanza del dibujo en los cursos que impulsaba la Asociación de Dibujantes de la Argentina.

    

Pif-Paf, 1981

  Resulta extraño  que en tantos años de profesión Caruso no esté asociado a un personaje o una serie determinada, algo que influye en el nivel de recordación de un dibujante, el lo explicaba así: “Como yo trabajaba en varias editoriales, no podía tomar un personaje fijo y me daban historietas sueltas, sin continuidad. Por eso no me encariñé con ninguno en especial. De todos modos me gustó uno de los últimos trabajos para Columba, una historia escrita por Eugenio Zappietro, que era un personaje que andaba en barco por Asia combatiendo contra los piratas. Me gustaba ese tema. Soy de los que creen que un personaje no dura mucho. Salvo Superman”. La serie  en cuestión se titulaba “Man y  apareció en 1992.  En la actualidad Alberto Caruso sigue vinculado a la docencia desempeñándose como profesor en la Asociación Estímulo de Bellas Artes, donde desde 1995 tiene a su cargo el curso de comics, dibujo básico e ilustración.

     Y ya que empezamos este artículo con una cita de la nota hecha en El Barrio Online, lo cerraremos también con un pasaje de la misma. Dicho periódico cubre una zona que abarca Villa Urquiza, Saavedra, Coghlan, Parque Chas y Villa Pueyrredon, este último  el lugar donde vive Caruso,  por lo que el último párrafo de la nota  destaca  la particularidad de dicho barrio de haber albergado a grandes maestros de la historieta, entre ellos Zanotto, Mordillo, Jorge Moliterni  y cerca de allí, en Villa Urquiza, Sergio Ibáñez. Cuando el periodista le pregunta porqué siendo vecinos no trabaron amistad Caruso responde: “Los dibujantes somos así, una especie de llaneros solitarios. Quizá ahora se agrupan un poco más para hacer alguna revista. En aquella época, no nos gustaba juntarnos” (CRM)

 La versión completa de la nota en El Barrio puede verse en

 http://www.periodicoelbarrio.com.ar/auxfebrero2010.asp?url=N131nota5.asp&anio=10&nro=131&mes=FEBRERO&fecha=2010

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