Nota publicada en la edición del 6 de diciembre de 2011 del semanario PAGINA LOCAL, de la ciudad de Arrecifes (B)

     “Y ahora vamos con los conchetos de Puerto Madero” dijo nuestra histriónica y ocurrente Presidenta, doña Cristina Fernandez Vuittón, viuda de Kirchner. Ocurrió hace unos días durante una videoconferencia a través de la cual estaba inaugurando diversas obras, entre ellas un puente ubicado en ese distinguido barrio ribereño que tiene entre sus vecinos al no menos distinguido ministro de Economía de la Nación, Amado “Calzoncillo” Boudú, presente en el lugar de la inauguración y quien de inmediato le retrucó que ese puente no era solo para los conchetos de Puerto Madero sino para gente de otros lugares que visitaba la zona. (¿Por qué se me hace que   como Vicepresidente a este muchacho lo espera un destino parecido al de Cobos?)

     Apenas escuché la frase presidencial vino a mi memoria la obra de Juan Carlos Colombres (Landrú), el creador de la revista Tía Vicenta y que hizo del absurdo el pilar básico de su humor. Diga que a los 88 años quizá ya no esté para estos trotes porque de lo contrario se habría hecho un picnic. Conviene recordar que allá por fines de los sesenta y durante los setenta Landrú centró sus dardos primero en la manía de los “ejecutivos” y luego en ciertos tics de algunas franjas de la sociedad argentina. De aquella época datan personajes y términos como  “gente paqueta”, María Belén y su prima Mirna Delma, las pirujas, lo que estaba “in” y lo que estaba “out”, las “señoras gordas”,  algunas creadas por él y otras captadas por su oído atento de buen periodista.

      Claro que Landrú no estuvo solo en esto,  “el groncho y la dama” fueron uno de los puntales del programa “Matrimonios y algo mas” y posteriormente los “chetos” tendrían su momento de fama en un programa de Gerardo Sofovich. La cosa viene sin embargo desde muchos antes con aquello de los  “petiteros”, los “caqueros” y los “mersas”, entre otros términos. Es que a despecho del trabajo de los sociólogos que se han quemado las pestañas tratando de estudiar a los diferentes estamentos de la sociedad, el común de la gente prefiere calificar –o descalificar- de manera empírica al otro,  actitud basada tanto en la necesidad de simplificar las cosas ó crear estereotipos como por la obsesión argentina por poner etiquetas.

       Pero volvamos al principio de la nota. Yo a Puerto Madero lo conozco sólo de lejos y tampoco se muy bien que es un concheto/a,  deduzco que debe ser una derivado de cheto,  es decir esa “gente paqueta” deseosa de destacarse del resto, de muy buena posición económica o en su defecto pertenecientes a eso que solía llamarse  “familias bien”. Gente con una forma particular de hablar y frecuentadores de La Biela, el  palco VIP  del Hipódromo de Palermo, el Jockey Club y la Sociedad Rural entre otros habitats.

       Si esto es así, no entiendo muy bien la actitud de la  Presidenta de ponerse fuera del equipo de los conchetos. Por empezar ella es una señora de excelente posición económica como lo atestiguan sus declaraciones juradas y los relojes, vestidos y carteras que usa, por otra parte no hace falta tener un oído muy afinado para captar ese tono paquete que tiene al hablar, y que ella acentúa con algún “sorry” que intercala cada tanto en sus sesudas disertaciones.

        Que contradicción, Landrú se burlaba de cierto medio pelo que pretendía ser más de lo que era,  Cristina Kirchner hace lo contrario, pretende crearse una imagen de mujer de pueblo, de defensora de causas populares cuando -por méritos propios- tiene un bien ganado lugar en el selecto grupo de los conchetos, sean de Puerto Madero o  del Calafate.  Carlos R. Martinez

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