En el episodio anterior habíamos dejado a Indiana Comics a punto de examinar la colección de la revista Bicho Feo, tras hacer lo mismo con Mustafá y Pololo. Veamos como sigue esta historia de nuestro intrépido arqueólogo de la historieta:

BICHO FEO: LA REVISTA QUE SE PIDE SILBANDO

     Tras un intento infructuoso de acceder a Pif- Paf (la de Editorial Tor), Indiana Comic tuvo finalmente en sus manos otra joya: Bicho Feo, “La revista que se pide silbando” según el lema que la distinguía. En la publicación se señalaba como editor al dibujante Héctor Torino, aunque suele mencionarse como co-responsable de este emprendimiento al uruguayo Emilio Cortinas. Nuevamente en la sala de  lectura Indiana comenzó a recorrer los más de cincuenta ejemplares disponibles el primero de los cuales tenía como fecha de aparición  el 8 de abril de 1944. Inicialmente su formato fue vertical y de tamaño parecido al  de El Tony o Intervalo semanal, para luego de unos meses pasar a  ser horizontal  y de un tamaño parecido a El Gorrión o Patoruzú, con tapas y algún pliego interior impresos en dos colores..

 

"Reymar" por Emilio Cortinas

     Deslumbrado, Indiana comenzó a anotar series y dibujantes que convertían a la revista en una verdadera mina de información. Allí estaban por ejemplo el mismo Torino con “El detective Buscapies” y Guillermo Guerrero entre los humoristas, y además “Reymar, el dominador del Océano” de Emilio Cortinas, “X el Fantasma Negro” de P. Castell, Victor el As del Cielo” de E. Artigas (que bien pudo ser Breccia o un trabajo conjunto de Breccia y Cortinas), “Cristian” de Martinez  Parma que se había publicado anteriormente en la revista Figuritas, una reedición de “El ultimo de los Mohicanos” hecho por José Luis Salinas para El Hogar,  “El Capitán Blood en adaptación de Cortinas, “Gentleman Jim, el aristócrata justiciero”, dibujado por un tal Ernesto Vaghi que no era otro que Alberto Breccia, aunque se dice que también pasó por las manos de su compatriota Cortinas.

     Algunos trabajos no tienen mención de dibujantes como “Roy Larson, el ciclón de Texas” o las adaptaciones de “Las minas del rey Salomón” o “Dos mil leguas por debajo de América”, y en otros casos con nombres poco conocidos o que suenan a seudónimo  tales como “Martín el audaz”, por Nazar, “El Escualo”, por César, “Kid Centella” por W. Goñi o “Stanley el cameraman”, por Vitrubio. Cabe acotar que esto de usar seudónimo no lo salvó a Breccia de ser descubierto por Editorial Lainez, para quien trabajaba habitualmente, quien en castigo le redujo el trabajo y lo obligó a vivir durante un tiempo a “pan y agua”, o mejor dicho -y como lo contó en un reportaje- racionando un litro de leche y unos alfajores por día.

 

"Gentleman Jim" por Breccia y Cortinas

   Párrafo aparte merece la emoción de Indiana cuando en uno de los ejemplares de Bicho Feo encontró a “Dick Malvan, Ultra Rayo”, que significó el debut profesional de un chico de quince años llamado Leandro Sesarego, que de allí en más y durante casi sesenta años seguiría vinculado a la historieta no sólo como dibujante sino además como  editor, docente, guionista y difusor del género a través del fanzine Crash!

       Pido perdón por la infidencia pero estaría traicionando la veracidad de esta crónica si no contara que en  determinado momento, deslumbrado por aquellos tesoros gráficos,  Indiana miró a derecha e izquierda para ver si alguien lo observaba y cruzó por su mente la idea de llevarse algunas de las revistas,  pero privó su condición de hombre de ciencia, superó la tentación y devolvió intacto el material que había retirado.

      Un vistazo a su reloj le indicó a Indiana que el tiempo se terminaba y debía emprender el regreso, razón  por lo cual no alcanzó a pedir las fotocopias que bien podrían haber ilustrado esta nota. Caía la tarde cuando emergió a la explanada de la Biblioteca, echó un ultimo vistazo a la enorme mole de cemento pensando en que debía volver a ese templo en busca de tesoros aún ocultos de la historieta argentina. Con su libreta de apuntes llena de valiosos datos inició la vuelta a casa aunque  debía aún superar varios escollos, a saber que no hubiera un paro sorpresivo de subtes, que la ruta estuviera libre o que estando despejada el ómnibus (como sucedía frecuentemente) no se quedara en el camino. Como podrán deducir los amables internautas que se le animen a esta nota, ser arqueólogo de la historieta argentina tiene sus dificultades.  C. R. Martinez

N. de la R: Como se dijo en la introducción a estas dos notas, no se pudo en su momento obtener imágenes de las revistas aquí comentadas, por lo que sólo podemos mostrar una tapa de Mustafá y otra de Bicho Feo tomadas de un artículo de Emilio Corbiere acerca de una exposición que se hizo en la Biblioteca Nacional a fines de los años noventa, imágenes que obviamente no tienen buena definición. En cuanto a las dos tiras pertenecen al libro de Enrique Lipszyc sobre la Historieta Argentina.

 Quienes quieran apreciar otras tapas de Bicho Feo pueden acceder al Blog Museo Iconográfico de la Literatura Popular, de  Carlos Abraham.

http://museodeliteraturapopular.blogspot.com/2010/10/la-revista-bicho-feo.html

Anuncios