A simple vista la figura que avanza hacia nosotros enfundado en el traje que lo protege de los mortíferos copos fosforescentes no es otros que El Eternauta, pero a poco que uno lo observe con mayor detenimiento verá que esa extraña mirada que asoma tras el cristal de la escafandra no es la de Juan Salvo sino que recuerda a la de un ex Presidente de estos confines.

    Efectivamente se trata del fallecido Néstor Kirchner convertido por obra y gracia de los publicistas del oficialismo (y al parecer con la anuencia de quienes detentan los derechos de propiedad intelectual del personaje) en  “Nesternauta”, supuesto heredero de la epopeya de El Eternauta en su supuesta lucha contra los poderes mundiales.

  

María Luz, de Battaglia

   Limitado al comienzo a los actos de alguna corriente interna esta extraña metamorfosis gráfica del personaje de Oesterheld-Solano López parece haberse incorporado de lleno al arsenal publicitario del Gobierno, figurando como tal en carteles que promocionan una campaña para pintar escuelas (cabal ejemplo de propaganda partidaria hecha con recursos públicos) y tuvo hace unos días un fugaz y accidentado paso por la página web de la Agencia Oficial(ista) de Noticias TELAM, esa misma en donde su Presidente -el alguna vez guionista Martín García- no quiere periodistas sino “militantes” (y así les va).

     Acicateados por esa muestra de creatividad pensamos que si el legendario Eternauta había trasmutado en Nesternauta, podríamos nosotros encontrar otro personaje de historieta que pudiera asimilarse a su dolida viuda y actual Presidente. Hurgando en nuestra memoria apareció entonces aquel personaje creado en 1955 ó 56 por el dibujante Roberto Battaglia y que aparecía en la revista Patoruzú: “María Luz”, una niña prodigio capaz de hablar de las más variadas materias del saber humano así como Cristina F. es capaz de hablar tanto de milanesas como de ingeniería molecular. Lápiz en mano procedimos a plasmar la idea y así surgió “Cristiluz”, la pequeña Presidenta prodigio cuya imagen podrán ver junto a estas líneas.

     Sirva este momento de humor (que sabrán aceptar los partidarios del actual régimen) como anticipo de una nota más extensa en la cual, ya en otro tono, expondremos nuestra opinión sobre el uso que se está haciendo de El Eternauta y del equívoco que le da pie: el mito según el cual dicha obra sería un manifiesto, una denuncia contra los grandes poderes mundiales  camuflada entre los cuadros de una historieta. (CRM)

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