Una de las primeras notas luego de la reactivación de TOP COMICS en noviembre del año pasado estuvo dedicada a comentar una historieta publicada en Caballeros/Orígenes, en la cual Walter Taborda homenajeaba a Carlos Magallanes. En esa oportunidad prometimos ampliar datos sobre este artista y hoy finalmente cumplimos.  Ese recuerdo lo concretaremos a través de una recorrida por distintas imágenes que corresponde a su vez a diferentes etapas de su carrera.

LOS COMIENZOS

   Iniciamos la recorrida con la tapa y una página interior de un ejemplar del número 50 de la revista X-9 editado en 1965, es de decir cuando Magallanes –nacido en Entre Rios en 1942- contaba con escasos 23 años. En dicho número dibuja una historieta  de diez páginas titulada “Esta obra es mía”, en la cual el personajes central es prácticamente Mort Cinder, indicio más que evidente de la influencia de Breccia en este temprano trabajo suyo. Si bien la firma es distinta a la que utilizó luego, sería demasiada casualidad que se tratara de otro dibujante con el mismo apellido.

 

LOS AÑOS DE CIELOSUR

     La siguiente imagen, el siguiente mojón en esta recorrida por la carrera profesional de Magallanes corresponde a un curioso trabajo de 1974, un guión de Leonardo Wadell acerca de la Revolución de 1874 producida cuando Bartolomé Mitre desconoció el triunfo de Nicolás Avellaneda en las elecciones presidenciales de ese año. Lo interesante de este trabajo es que Magallanes dibuja a los personajes centrales en base a las caricaturas que aparecían en el periódico satírico El Mosquito en la época en que se produjeron dichos sucesos.

     Para la época en que se publicó esa historieta El Huinca y Fabian Leyes llevaban siete años apareciendo; no sabemos si Magallanes estuvo desde el comienzo con  Rapela en Cielosur o se incorporó luego, pero hacia 1971 su firma aparecía en diversos trabajos, ya fuera haciendo los dibujos de la portadilla que acompañaban el sumario, ilustrando las narraciones históricas que enviaban los lectores, la sección Bailes Criollos, haciendo tapas y por supuesto sus propias historietas.

      Trabajar con quien fue no sólo el creador de la historieta gauchesca sino también ilustrador de temas de época en Columba fue sin duda una escuela extraordinaria para Magallanes, quien en sus trabajos posteriores evidenciará ese gusto por la documentación que distinguió a su maestro. Cuando Rapela muere en 1978 Magallanes lo despide con un breve texto publicado en el fascículo 22 de Fabian Leyes que él tituló  “Se fue un gaucho”  y que en su párrafo final expresa: “…Gracias en nombre de la tierra y del gaucho a los que tan hondamente comprendiste, gracias por los fogones que has encendido, gracias por tu pasión y gracias por tu gloria que es nuestra porque tu eres nuestro. Tu discípulo reverente a tu recuerdo. Magallanes”

LA HUELLA PROPIA

   Dos nuevas imágenes nos sirven para contar la siguiente (y lamentablemente la última) etapa de la trayectoria de  Carlos Magallanes. Una corresponde a su personal versión de Martín Toro y la otra a la historieta “Amado Mozart” (compuesta de 18 páginas y que fue republicada en 1996) donde evidencia esa capacidad para documentar y mostrar la esencia de la época en que transcurre la historia a través del vestuario, de los edificios, de los objetos. Pero vayamos por parte.

    Con la muerte de Rapela se cierra el ciclo de las revistas El Huinca y Fabian Leyes –no nos consta que se hayan seguido publicando, salvo reediciones- y entonces Carlos Magallanes tiene la oportunidad de hacer su propio camino, de demostrar su gran calidad y su versatilidad. Lo hará por ejemplo con sus trabajos en la revista Pif Paf en 1981, en Caras y Caretas en 1983 mostrando también su vena para la sátira con  “El gaucho Alpargata, matrero retiro efectivo” sobre guión de  Jorge Morhain.

     Pero fundamentalmente su campo de acción de esos años serán las revistas de Columba, relación que se inicia cuando Gerardo Canelo le encarga los lápices para varios episodios de Alan Braddock. Ese trabajo le vale hacerse cargo de la serie Martín Toro, donde deja de lado toda imitación del estilo de Casalla y realiza su propia versión, mérito del artista que impuso su criterio y mérito de la editorial que, o bien sugirió el cambio o aceptó el criterio del dibujante. En esos mismos años hizo entre otros excelentes trabajos “Una baguala para Damasita”, “La leyenda de la Quintrala o la ya mencionada “Amado Mozart”, a lo que habría que sumarle la serie “Facundo Cruz, cuchillero” con guión de Javier Andrada que aparecía en Nippur Mágnum. A su muerte, ocurrida según algunas fuentes en 1987 y otras en 1988, dejó inconcluso el primer episodio de una serie del Oeste que estaba realizando para el editor Alfredo Scutti, páginas que fueron terminadas por otro dibujante.

 EPILOGO

    Muy poco es lo que se sabe de Magallanes fuera de la faz artística. Lo más conocido y difundido es un emotivo texto de Gerardo Canelo fechado el 10 de julio de 1988 del cual se desprende que Magallanes vivió su niñez en Rosario Tala, Entre Ríos,  trabajando como peón de campo, que pasada la adolescencia llegó a Buenos Aires y que habría frecuentado alguna escuela de dibujo, posiblemente la Panamericana. Se sobrentiende leyendo ese texto que fue la suya una vida difícil, en lo económico y tal vez en otros ordenes y que la muerte le llegó cuando, según la metáfora de Gerardo, le estaban llegando algunos días de Sol después de tantas días oscuros.

    Esa nota de Canelo fue publicada en la revista Pucará y luego acompañó sendos artículos aparecidos en páginas dedicadas a la historieta, uno escrito por Rodríguez Van Rouselt (que recuerda a Magallanes como alguien muy respetuoso y de pocas palabras) y otro mas reciente que puede verse en La Duendes, notas que junto con el tributo de Walter  Taborda son una clara muestra del  aprecio que tanto críticos como colegas sienten por la obra de Carlos Alberto Magallanes, un dibujante digno de ser recordado (CRM)

 IMAGENES:

 Tapa de la revista X-9 número 50 y una página de la historieta que firma Magallanes en su interior: Página de la historieta “La Gran Revolución del 74, El Huinca, 1974; Episodio de Martín Toro, El Tony, 1983; “Amado Mozart”, republicada en Intervalo Superanual en 1996.

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