El primer comic-book -realizado en 1933- fue pensado como un obsequio que la firma Procter and Gamble entregaba a los consumidores de sus productos a cambio de un cupón. Durante la Segunda Guerra Mundial la  historieta sirvió tanto para ilustrar manuales de instrucción como para entretener a los soldados, por ejemplo con las andanzas de la sugestiva Miss Lace que dibujaba Milton Caniff. A propósito de Caniff, su socio, amigo e iniciador del estilo que él llevó a la  perfección –Noel Sickles-  alternó la realización de la tira Scorchy Smith con la de historietas  publicitarias. Nuestro Brumo Premiani, (nacido en Trieste pero naturalizado argentino) dibujó para el Departamento de Estado Norteamericano biografías de figuras históricas y para el Departamento del Tesoro un folleto sobre la inflación titulado “Qué sucede con su dinero”.

       Por estos pagos y para no quedarnos atrás, la historieta es hoy una presencia habitual en los libros de la materia Lengua  como forma de alentar las capacidades narrativas del alumno. Eso en materia didáctica porque en el campo político debe recordarse que la campaña electoral de Adolfo Rodríguez Saa en 2003 incluyó la impresión de un comic book titulado “La marcha de los sueños”  dibujado por Luis García Durán y Carlos Pedrazzini y que, más atrás en el tiempo, existió un personaje llamado “Julian, el valiente Descamisado”. Finalmente en materia publicitaria apuntemos, entre decenas de ejemplos,  las Aventuras de Odolito y aquellos clásicos avisos de la Escuela Panamericana de Arte que mostraban al feliz artista dibujando junto a la pileta de natación.

        Este limitado y caprichoso inventario tiene por objetivo recordar que hace ya mucho tiempo que la historieta tener dejó de tener como única finalidad el simple entretenimiento (tampoco exento de carga ideológica) para convertirse además en un medio idóneo para trasmitir contenidos didácticos, mensajes políticos o propuestas publicitarias.

       Las instituciones o las jerarquías religiosas –especialmente las de la Iglesia Católica- no han permanecido ajenas a este uso de la historieta con fines propagandísticos, y es así como la ha incluido en algunas de sus publicaciones o, incluso, editado revistas especificas. Asimismo han existido  editoriales que sin tener vínculos formales con la Iglesia, igualmente publicaron historietas que difundían temáticas religiosos. Este artículo, que dividiremos en varias entregas,  reseña algunas de esas experiencias.     (C.M.)

 

CEFERINO NAMUNCURA,

EL PEQUEÑO GRAN CACIQUE PATAGONICO

   Revista de 24 páginas en bicromía y tapas a cuatro colores que debe datar de mediados de los años sesenta. Fue realizada por la Obra  de Don Bosco en la Patagonia como suplemento del Nº 8 de la revista Ceferino Misionero.

   Los dibujos fueron realizado por Amado Armas, de quien no conocemos otros trabajos en la historieta aunque en este caso se manejó con gran solvencia, conocimiento del tema y obviamente muy buena documentación. Armas se inició como ilustrador en 1936 realizando trabajos para las revistas de la Editorial Sopena, dedicándose posteriormente también a la publicidad. Falleció en enero del año 2000 a los 82 años de edad.

                                                                                                                                                              

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