THE SPIRIT EN EL CINE
Asistí hace unos días a la proyección de la película de Frank Miller que, supuestamente, incluiría las aventuras del cómic que bajo el mismo título creara y publicara durante años el artista Will Eisner. La verdad es que estaba esperando a ver si en un ratito se me pasaba… pero no. Es un producto que si lo tachamos de bazofia sería un favor.
 
Quiero titular la crítica de esta producción “Asesinando a Eisner por dinero”, porque lo cierto es que nada tiene que ver con el personaje que aquél dibujante y escritor del famoso cómic, Will Eisner, quiso sacar a las páginas de los diarios durante años. No le dejan vivo ni los orígenes, como un humilde policía al que entierran por error, que consigue salir de la tumba y que, como buen amigo del comisario Dolan, y persona comprometida contra la injusticia, decide saltarse las normas (lo cual no podía hacer como policía) y se dedica a caricaturizar la completa ineficacia de los “cuerpos del orden público”, mientras que un solo individuo, al que nadie reconoce por el simple hecho de colocarse un pequeño antifaz en los ojos (¿parodia de Supermán y sus anteojos, quizá?).
 
En el cómic, The Spirit, que vive en su tumba del cementerio, donde se ha excavado su refugio, vive casi de continuo con su ayudante, un negrillo paletoide, que le suele sacar de sus apuros. La hija de Dolan, una inútil total sin oficio ni beneficio, le persigue casi de continuo, enamoradísima de él (que también lo está, pero tiende a ocultarlo y huir). Nuestro personaje (el de Eisner) sufre todo tipo de percances y accidentes, de los que sale adelante, más por suerte y casualidad que por otra cosa y lucha contra los nazis que se intentan infiltrar en su país durante la guerra mundial, al igual que contra los chorizos callejeros, científicos locos, secuestradores y demás. Hay numerosos personajes recurrentes y, desde luego, no es un mujeriego empedernido, aunque con una espía parece haber tenido algún affair en algún momento de su vida.
 
Pues bien, Miller, decidido a robar el éxito que en los últimos años a resurgido entorno a Eisner, cuyos cómic se vienen reeditando en volúmenes recopilatorios por todo el mundo, ha tomado el nombre del personaje para la película, ¡¡y del autor!! al que señala como co-guionista (pese a que muriese en 2005). Lo convierte en un ser inmortal gracias a una pócima experimental que le ha inyectado un malo maloso (Octopus) que quiere convertirse en un dios, pero previamente prueba en él los efectos. En la historia aparece el comisario Dolan, que es más un enemigo que otra cosa, su hija Ellen, que es una prestigiosísima doctora en medicina (¿de qué?) y que le ama, pero sufre porque el se enrolla con todo lo que pueda por las calles…
 
El personaje de Miller salta por las azoteas, como Spiderman o Capitán América, es invulnerable como Supermán, mujeriego como un Bond de baratillo y desarrolla una historia que, para colmo, es un coñazo insoportable, que aburre, no interesa a nadie…. Ni siquiera se ha dignado, entre los efectos especiales, a reproducir su coche alado, que digo yo que si Disney lo hizo con Chitty Chitty Bang Bang hace décadas, no debe ser tan costoso. Tampoco sale Ebony White, un personaje realmente gracioso, que le sirve de salvavidas, tal vez por ser “políticamente correcto”, o tal vez porque todo le parezca desfasado: pues que saque un personaje diferente a The Spirit y solucionado.
 
Tentado de irme a los 30’ de proyección, decidí darle el beneficio de la duda al interés del argumento: me equivoqué. A los 60’ era procesión lo que se largaba de la sala, al menos un tercio de los asistentes decidieron que se había acabado la tomadura de pelo, e hicieron muy bien. Lo que no está nada bien es robar un personaje, así como el nombre y apellidos de su autor, tan solo por el hecho de tener dinero y renombre. Es el mayor crimen de la historia del cómic: ¡a ver si aparece Spirit para resolverlo.-
 
FUENTE: Julio Castro (laRepúblicaCultural.es)
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