Una charla con Rep
Por Moni Munilla
 
En el marco del programa Café Cultura Nación, el dibujante Miguel Repiso, figura de la contratapa de Pagina/12, estuvo en Corrientes para ofrecer una charla. En un mano a mano con El Litoral remontó el pasado, su infancia en Santa Lucía, la idolatría de Chaque y la edificación de una personalidad que ve la realidad desde un prisma llamado humor.
 
El humorista gráfico Miguel Repiso (REP) estuvo en Corrientes como parte del programa Café Cultura Nación que desde el año 2005 recorre las provincias, apostando al enfoque participativo y la pluralidad de opinión, fomentando el diálogo y el debate en cada encuentro. En un céntrico reducto cultural y sin mucha promoción que anunciara su visita, sobre el mediodía del sábado el dibujante llegó acompañado por miembros de la Fundación para la Integración Regional, a cargo de la organización de la charla.
Miguel Repiso ilustró su exposición, con profuso material de su autoría en pantalla de mediano formato. La muestra, “Somos lo que reímos”, ubicó a la platea en su quehacer laboral. “No todos tienen por qué saber quién soy”, dijo una vez comenzado el diálogo.
Sus padres eran correntinos (de Santa Lucía) y hacia ese sitio remontó su recuerdo, para hablar de las vacaciones en el pueblo y de la necesidad de leer lo que cayera en sus manos. Las revistas Patoruzito, Selecciones y el diario El Litoral, siempre presente en el hogar familiar.
“Fue mi formación de ver la realidad en vivo y en directo. Puedo decir que “Chaque” (don Mario Mauriño) era entonces mi ídolo y siento por él un profundo respeto”, señaló Repiso con un ejemplar de El Litoral en las manos. “Después Hortensia fue el imperio de todo esto”, remarcó siguiendo el hilo del relato sobre sus vivencias de la infancia.
Repiso es dibujante de Página 12 desde el primer número. Y allí todavía sigue, aún pese a los sensibles cambios que experimentó el matutino fundado por Jorge Lanatta.
“Trabajo con total libertad, me hago responsable de mis propios límites y me manejo en los medios que yo quiero”, dijo sin pestañear cuando el tema de la censura fue pregunta. “Quino es un prócer al que no se le puede tocar ni una coma. Todos los temas que los demás no tocan, yo toco porque me interesan, me meto en temas jodidos y en otros recontra pelotudos para hacer el ridículo, para bajarme del pedestal y no creérmela”, confesó con desparpajo.
 
En esas vueltas laborales recordó su paso por la Revista Humor y el segmento “El recepcionista de arriba”, en la década del ‘80. “El primer personaje elegido fue John Wayne porque lo detestaba, lo mandé directamente al infierno. Luego hice lo mismo con Ringo Bonavena y recibí el primer quiebre. Vos estás loco, me dijeron, se te van a venir todos en contra”, imita la voz del jefe en tono socarrón.
“El gobierno decidió que la cultura era una de las cosas menos interesantes”, opinó destacando que recién ahora y luego de presentarse en más de 3.200 encuentros en 22 provincias, el Café Cultura Nación llega a Buenos Aires para anclar en los bares centros culturales, auditorios y escuelas porteñas. “Algo de cambio puede provocar a través del diálogo”, reflexionó sobre los logros del proyecto.
“Yo soy un dibujante”, contestó con respecto a su profesión y marcó que "la historieta es un género ninguneado, que no ensambla en las bellas artes, aunque hay cada desastre en las artes que de bello no tienen nada”, contestó a una urticante pregunta.
“El humor chancho nunca me hizo gracia. Tampoco temas áridos como las matemáticas. Mis obsesiones se calman cuando las saco por dibujo y cuando hago un personaje lo hago por única vez. Él decide quedarse y no le pido explicaciones”.
De buen humor y sin apuro, dijo sentirse en Corrientes “como en mi segunda patria”, aprovechó sus silencios para husmear en su propio pasado y se acomodó en la silla más de dos horas. Una copa de vino, la gente y la siesta como testigos de una visita amistosa, sin lápiz y sin papel, con mucho para contar de una vida como todas, en cuadrículas de historieta.-
 
   
Anuncios