¡OH EL COMIC! Por Tito Salas

Era 1945 cuando la revista Esquirre nominaba a Joe Palooka como "la historieta más leída del mundo", y no era broma muchacho ojos de cartulina, no señor, porque a esa joyita de Ham Fisher la publicaban periódicamente más de 800 diarios. Una barbaridad, incluso para esa época, irrepetible en -nuestros días. Sí, realmente era un éxito sensacional aquel de Palooka, una historieta desarrollada casi rozando con la perfección desde todo ángulo. El rubio pugilista de Fisher, de buenas a primeras, se había constituido a partir de su varonil estampa de chico bueno y un sinfín de moralinas, en el auténtico ejemplo del "estilo de vida americano", según el clásico parloteo 4e los propios yanquis cuando se les ocurre mirarse al espejo. Lo cierto era que todo, absolutamente todo lo que llevara impresa su imagen, o simplemente el nombre del boxeador, se vendía por ciento de miles: lapiceras, encendedores, juguetes, postales, golosinas, etc., etc. Un torbellino, un impacto directo al éxito, una lluvia de dólares qué Fisher embolsaba a cuatro manos.-

   

Eso era Joe Palooka en los ’40. En una de sus aventuras, el púgil afirmó como al pasar que el secreto para mantenerse en forma consistía en la simpleza de consumir diariamente una porción de queso, Sí, queso, y eso bastó para que las ventas de ese producto aumentaran al doble. Miles de yanquis masticaban queso en feroz comoeteñcia con nuestro querido Capicúa, esperando convertirse en hermosos ejemplares varoniles, ¡ja! ¡si te parece estar contemplando ésa escena! Tanto fue el éxito de consumo que la Unión de Queseros de U.S.A. coronó a Fisher como… ¡Rey del Queso. ¿Te das cuenta? ¿Evalúas el poder del comic? Sí, ya sé que el tipo explotaba a todos sus ayudantes, que los desangraba y que les tiraba sólo unas migajas de los miles de dólares que ganaba pero… ¡qué historieta salía de todo eso! Enrolado en 1940 Palooka se convierte, de común acuerdo con el Departmento de Guerra, en uno de los mejores portavoces de la política intervencionista de EE.UU. Aquella campaña que el gran Joe lideró desde las diarias y dominicales tuvo un éxito resonante, al punto que el propio presidente Roosevelt solicitó la presencia de Fisher en la Casa Blanca para felicitarlo, como corresponde a los héroes nacionales. ¡Fisher en la Casa Blanca! él, que provenía del más pobre hogar de Wilkes Barre, su pueblito de Pennsylvania, que había tenido que abandonar la primaria Dará ganarse, al menos, lo que diariamente consumía, él, nada menos que él, dándole la mano   al  mismísimo  Roosevelt!!! Sí, brava, muy brava había sido aquella niñez de Fisher pero tuvo suerte y mucho talento para llegar ahí, a la cima de la cima misma. La historia había comenzado hacía muchos años atrás, cuando le surgió la idea de crear un personaje que, de alguna manera, estuviera relacionado con el mundo del deporte, algo que provenía de la amistad que cultivaba con un joven pugilista de su pueblo, quien, para más datos, era también alto, rubio, con un mechón de cabellos que le caía permanentemente sobre la frente y buenazo como pocos. El resultado, obvio, fue Joe Palooka, nombre qae Fisher tomó de un neologismo aplicado en la revista Variety por el articulista Jack Conway quien, cada vez que precisaba señalar en sus comentarios a algún boxeador de notables condiciones, utilizaba la palabra "palooka". –

 Ham Fisher

Así de simple. Cuando tuvo todo listo para el adiós de Wilkes Barre, Fisher no hizo otra cosa que tomar sus dibujos y marcharse a Nueva York, decidido a mandar a la lona de un solo puñetazo a cualquier problema que se antepusiera entre él y la fortuna. ¡Pobre muchachito del campo! ¡Creer que podría vencer a ese monstruo tan sólo con las ganas y sus dibujitos! Habrán de pasar nueve largos años desde su llegada a Nueva York cuando alguien se dignó escucharlo. Era 1930. Fue Charles V. McAdam, mánager y vicepresidente del Me Naught Syndicate quien, después de observar aquellas primeras tiras de Joe Palooka le dio a entender que "tal vez sí", que "podía ser", que "en una de esas", todo bajo una condición: debería ser el propio Fisher quien se encargaría de intentar vender la serie. Aprovechando la situación, McAdam le solicitó que también intentara colocar a Dixie DiKgrgan, una historieta que, a seis meses de su lanzamiento, sólo era publicada en dos periódicos. Ese tal McAdam actuó de la forma más deleznable y cruel con Fisher, aprovechándose de sus ilusiones, rebajándolo moral-mente, enviándolo a vender su propia creación, presionándolo al punto de castigarlo con tirarlo a la calle si no volvía*con buenos resultados.  Sin embargo, para su suerte, Ham Fisher después de un tiempo volvió al syndicate y le tiró sobre el escritorio el siguiente informe: en cuarenta días había colocado a Dixie Duggan en la misma cantidad de nuevos periódicos, mientras que a su Joe Palooka, en sólo un mes lo había vendido a veinte diarios. No se habló más y se firmó el contrato. Así fue como la criatura de Fisher inició el 19 de abril de 1930 su incontenible marcha hacia el gran estrellato. La popularidad del joven car-toonist creció a medida que Joe Palooka lo hacía, sin embargo, su vida privada se fue progresivamente deteriorando hasta caer en un fracaso del que ya no se podría recuperar jamás. Divorciado, con un hijo semiciego a causa de un raro tipo de diabetes a lo que se sumaba una notable deficiencia mental, sumado al repudio de todos sus colegas por el conocido affair con Al Capp, puso fin a su§ días con un balazo a la cabeza. El 23 de diciembre de 1955 fue encontrado muerto, besando el piso de su estudio neoyorquino.  Hammond Edward Fisher, aquel chico de Pensylvania que había llegado a Nueva York pobre como una rata, lo logró todo: fama, prestigio, tributos al más alto nivel, admiración generalizada y una fortuna enorme pero, i oh, el comic!, las alturas lo marearon, hicieron de él un infeliz hombre de negocios y todo lo perdió de la forma más triste y despreciable. Todo lo perdió, hasta la vida misma. Esto, carísimo colega, también forma parte de la historia de nuestro Planeta Comic, un mundo donde no todo es fantasía y donde en muy pocas oportunidades,  sólo   en   una  pocas,  la realidad no logra superar a la ficción. (Tito Salas)

  ACOTACIONES: A la muerte de Ham Fisher, Joe Palooka continuó siendo dibujada desde 1956 a 1959 por Joe Certa. Este excelente dibujante nacido el 2 de enero de 1919 en Nueva York, trabajó como ayudante de Fisher entre 1937 y 19^2. En 1959 abandona la profesión para dedicarse al dibujo publicitario recayendo en Tony Di Preta la responsabilidad de continuar la serie bajo argumentos de Morris Weiss.  Di Preta, nacido en Stanford el 9 de julio de 1921, había sido asistente de Lank Leonard en Mickey Finn durante diez años, antes de tomar la titularidad de Palooka. No disponemos de datos sobre si la serie aún continúa a su cargo. (L.R)

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