LA VIGENCIA DE QUINO

   (Gentilezz Diario Clarín)
Son sólo cuatro viñetas, no hay línea de diálogo. Primero: un señor está sentado a la mesa de un lujoso restaurante y ve al mozo acercarse con una bandeja repleta de comida. Segundo: el mozo desaparece tras una columna. Tercero: el mozo sigue detrás de la columna. Cuarto: el mozo llega, por fin, a la mesa pero la bandeja ha dejado de estar repleta y en cambio la que está repleta es su boca. Dice Quino, cuenta: "Siempre he asociado al restaurante con un hecho político porque en éste se repite un poco lo que sucede en los países. La gente quiere comer y en el restaurante el cocinero y los camareros, que vendrían a ser el gobierno, le dan lo que ellos quieren y cuando quieren. Y encima hay que pagarles". Está claro, Quino no quiere hablar de cocina, "de cocina la verdad es que no sé nada", declara. El quiere hablar, y habla, en su nuevo libro La aventura de comer (Ediciones De la Flor), del hecho político y social de comer y de no comer, del hambre, de los alimentos transgénicos, de las enfermedades asociadas a la alimentación y también de cierto esnobismo en torno a la buena comida y la buena bebida. –
* Desde su casa en Madrid, Joaquín Salvador Lavado, para todos Quino, contesta el teléfono, celebra que sea una llamada de Buenos Aires y se dispone -no sin indagar sobre ciertos temas argentinos que hacen portadas de diarios- a hablar de su nuevo libro La aventura de comer, una recopilación de viñetas que dan cuenta de por qué el comer puede transformarse en una aventura. Confiesa que no ha podido ver aún la edición terminada y pregunta: "¿qué tal quedó?".-
* Conversa animadamente y aunque intenta salirse de la figura de "entrevistado", Quino, como en la primera página de su libro, toma el traje de maÃtre e invita a sentarse a la mesa de sus inquietudes, sus pensamientos, sus motivos de irritación y de pena. Aquellos que han sido, desde siempre, temas de sus trabajos.-
* -¿Qué significa para usted el acto de comer?
-Siempre me pareció que hay una gran similitud entre el asistir a un restaurante y el asistir a la política. Por lo general se cree que la política es sólo hablar de los políticos y no, la política es todo. Es política hablar de la comida de los pueblos si existen firmas internacionales que patentan los granos con los que se hace el pan y los cultivadores tienen que pagar esas patentes. –
* -¿Considera, de acuerdo a esta analogía que plantea, que asistimos a la mesa de la política y poco tenemos para hacer?
-Sí, bueno, el dicho popular de repartirse la torta refiriéndose a la política ya hace esa relación entre la política y la gastronomía. Claro, lo terrible hoy es que la gente no puede protestar, o puede hacerlo pero a nadie le importa. En el fondo a los gobiernos nos les importa nada de las protestas populares. Eso es lo más desagradable hoy, que no existe la posibilidad de un 17 de Octubre en que la gente salió a la calle y cambió la historia de la Argentina. Esas cosas hoy no funcionan, no sé por qué, pero no funcionan en ningún país.-
* -¿Esa misma imposibilidad cree que se repite en el acto eleccionario?
-Bueno, en Argentina ni siquiera hubo internas, los candidatos se pusieron a dedo. Lo que pasa es que la Argentina está fuera de todo patrón por esto de que el peronismo está en el gobierno, en la oposición y en el medio entre el gobierno y la oposición. Esto no se da en otros lados. Tal vez pasó en México en la época del PRI. Al parecer sólo estamos ahí, esperando que el camarero nos diga qué cosas hay y qué no.
* Quino vuelve a la metáfora del restaurante, vuelve a las páginas de su libro, de las que pese a hablar casi exclusivamente de política, nunca salió. En La aventura de comer hay una crítica sagaz a aquello que se denomina "buen comer", a la moda del gusto gourmet y a la supuesta comida étnica que se sirve en algunos barrios porteños.
"Lo percibo como una deformación de lo que son las cocinas originales -explica- porque ahora con todo este movimiento de la comida fashion, los restaurantes hacen un plato japonés, uno marroquí y uno criollo. Fuera del lugar de origen es imposible reproducir ciertas cocinas, sin embargo la gente cree que come algo auténtico. Lo que sucede, en síntesis, es que en esa búsqueda se pierde la esencia de la comida y la verdad me parece una barbaridad. No sé, veo que hay mucha superficialidad en todo este mundo, no sólo el de la comida sino también el del vino."
* Quino habla y sus palabras repasan algunos de sus dibujos, como aquel, casi al final del libro, que muestra a un señor cuadro tras cuadro, primero observando el vino en su copa, luego moviéndolo, comprobando su espesura, su aroma, su sabor. Así hasta el final, un gran ritual de cata que termina con la aprobación de aquel vino, que entre tanto y tanto el mesero ya se ha tomado.
"Del vino se está haciendo una especie de Coca-Cola, una bebida universal que en todos los sitios sabe igual. Es un negocio. Ahora todo el mundo habla de vinos, se hacen los entendidos y ponen los vinos a precios que no pueden ser nunca. Yo me pregunto: ‘si uno va al supermercado y encuentra vinos por un euro, entonces, qué tienen aquellos otros que venden a tres mil euros’", comenta.
* La conclusión no tarda en llegar, "comer es una aventura", sentencia Quino y se extiende en ejemplos: "Hace un tiempo fui a una cadena de supermercados argentina a comprar langostinos y me encontré con que no tenían ni fecha de envasado ni de vencimiento. Sin duda comer es una aventura y lo tremendo es que estamos hablando de la salud pública. Pero nadie controla nada. La Argentina en estos momentos es un descontrol increíble".
* -Y casi lo vivimos con naturalidad…
-Sí, eso es lo que más me asusta. Yo estoy muy aterrado con lo que nos está pasando. Por eso la aventura de comer es una metáfora de una aventura mayor: la de vivir. Claro que cuando, en otras épocas, los hombres tenían que salir a cazar para comer era una gran aventura. Hoy tenemos otro tipo de aventura, pero con la diferencia que la gente cree que está a salvo y se preocupa muy poco por este tipo de cosas.
* -¿En qué medida la comida, y la forma de comer, refleja nuestra idiosincrasia?
-Bueno, esto en un país como Italia se nota muchísimo porque cada región tiene su propia comida y uno hace dos horas de tren y las comidas ya no tienen nada que ver. En Argentina es muy diferente porque uno va a un restaurante en Buenos Aires, mira el menú y encuentra milanesas con papas fritas. Se toma un tren -bueno ahora el tren casi no existe más- se va a Mendoza, va a un restaurante y en el menú encuentra: milanesas con papas fritas. Exactamente lo mismo. Este es un fenómeno muy curioso. Yo tengo un amigo que es de Corrientes y que cuenta que cuando anda por ahí observa que, aunque el río está lleno de peces, la gente come salchichas. Es así en nuestro país, no hay una cultura de aprovechar los recursos que tenemos a mano. Tal vez porque las vacas siempre se criaron prácticamente solas y teníamos la facilidad de tirar un cacho de carne a la parrilla y listo. Creo que por eso no se desarrolló una cocina propia y elaborada.
* El dibujante hace un silencio, al otro lado de la línea se percibe el zumbido de la siesta madrileña. De pronto retoma y cierra: "No sé qué más se puede agregar". –
* Eso es todo, lo demás habrá que buscarlo en su libro. Quino se despide y confiesa que últimamente no ha estado trabajando mucho. "Estoy moviéndome de un lado para el otro y, como decía el Martín Fierro: ‘vaca que cambia e’ querencia se atrasa en la parición’. Será cierto", se convence.-