PEDRO SEGUI, el de las chicas mas bonitas

PorJosé Eduardo Weidmann

(Segunda  entrega y final)
– Cafe, cigarrillos y Pedro nos cuenta…
 Cuando le digo que yo ignoraba todo sobre dibujo, no miento. Le contaré algo que, cada vez que lo recuerdo me hace re ir, Al estudio venía un gran escultor, ceramista e ilustrador, Teodoro Bourse Herrera. Solía hablar y caminar de aquí para allá, Divito estaba muy ocupado. De pronto, me dice que le marque una tapa para Patoruzú a una vez y media mas grande. Yo sin decir palabra busqué una tapa vieja y el papel correspondiente, los puse sobre mi tablero y…no sabía que hacer. Me avergonzaba confesar mi ignorancia. Bourse Herrera se dio cuenta de mi situación. Siguió hablando y con disimulo me indicó que trazara la diagonal, una vez que lo hice, me marco las distancias con regla. Verificó por encima de mi hombro el trabajo terminado y con un guiño me dio su aprobación. Así era la cosa. Pero Divito nunca se enteró. De a poco, las cosas fueron cambiando. Yo me esmeraba, además estaba en la gloria, me jactaba de ser el ayudante de Divito, un tipo muy reconocido y con rama. Se estaba por inaugurar una muestra llamada Salón del Humorista, esos encuentros eran muy importantes, muy concurridos, muy comentados en todos los medios.Divito accedió a mi pedido de intervenir. Recuerdo que realicé dos ilustraciones. Nunca pensé que pudieran reparar en ellas. Cuando vi que LA NACIÓNy LA PRENSA me ponderaban como el valor joven de la exposición me puse muy contento. Era uno de los primeros éxitos con algo mío. Por entonces, además de la tira de EL PAMPERO, ilustraba las secuencias de la guerra ruso-finlandesa en las crónicas del mismo diario. Pero, ya empezaban a conocerme otras editoriales. En QUINTERNO, donde iba con frecuencia a buscar o llevar los trabajos del estudio, también sabían de mis condiciones. Allí, se estaba comenzando la película Upa en apuros. Tulio Lobato y Oscar Blotta fueron llamados a trabajar en la animación y sus puestos quedaron provisoriamente vacantes. Lobato le sugirió a Quinterno que me tuvieran en cuenta. Entonces, tras un arreglo entre Quinterno y Divito, pasé a trabajar mediodía por $ 50 por mes, lo mismo que me pagaba Divito. La sorpresa la tuve cuando Quinterno vio mis trabajos, automáticamente me aumentó a $ 150. Yo volaba de contento. Todo eso duró hasta que se terminó la película que, realmente, no tuvo el éxito que esperaban, aunque fue un gran trabajo sí tenemos en cuenta los medios con que contábamos entonces. Divito ya me pagaba $ 150 pero, eso hasta que chocó su coche. Para poder arreglarlo me dijo que me rebajarla el sueldo. Me tuvo trece meses colgado. Yo pensaba que el coche me pertenecía. Si lo había bancado como si fuera nuevo. Para esa misma época Divito estaba pensando en su revista. Había contactado con algunos socios capitalistas, él solamente tenía la idea, sus chicas famosas y algunos buenos personajes. Creo que los primeros contactos fueron con uno de los Lococo, los de la cadena de cines; pero parece que a Divito no le convenían sus pretensiones. Mas tarde formalizó con Di Benedetto, un personaje al que le llamaban el pibe de oro. No era para menos, era joven y había heredado una fortuna. Las tratativas se hicieron en el estudio, yo desde mi lugar de trabajo asisti a todas las conversaciones preliminares. Cuando Divito consiguió el porcentaje a que aspiraba (creo que mas del 50 % y sueldo de director) cerró el contrato.
Yo estaba enloquecido con la idea, descontaba que formaría parte del staff de dibujantes, pero Divito no pensaba lo mismo. Me ocupé de conseguir hasta la oficina para la nueva publicación, luego vino la desilusión, al saber que seguiría siendo el ayudante del director y nada más. Pero la suerte me dio una mano. Mucho antes de todos estos acontecimientos, Divito leía con mucho interés la revista El Campeón, le gustaba mucho un personaje que escribía Miguel Angel Bavio Squiu. Era un porteño bien definido, entrador y canchero, se llamaba…Juan Mondiola. Toda vez que DIVITO leía las andanzas de Mondiola, se divertía sin cuento. Gustaba proclamar a quién le escuchara que el día que tuviera una revista, al primero en contratar seria a Miguel Angel y con él a Juan Mondiola. Y así fue nomás. El primer contrato de Rico Tipo fue ese, lo que en cierto modo indica el ojo de Divito para afinar la puntería del éxito. Y, ahora viene la mano de la suerte. Divito hizo la creación de Juan Mondiola, pero Bavio Squiu no la aceptó. Entonces, yo me ofrecí para bocetarlo. Recuerdo que me leí de cabo a rabo, todas las andanzas que pude conseguir de aquél porteñazo. Lo percibí en todos sus detalles a pesar de mi carácter provinciano. No estaba seguro que Miguel Angel lo aceptara, pero tenía conciencia de haberlo hecho a la medida de lo expresado por su autor. Cuando Bavio lo vió creo que le entró como un metejón de adolescente. Así pasé a integrar el elenco de Rico tipo. Y…Juan Mondiola realmente fue mi personaje. Mucha gente me lo ha expresado espontaneamente. Había una verdadera simbiosis entre la idea literaria y el dibujo. El nombre fue una idea de Eduardo Almira, y a todos nos pareció un hallazgo. Divito tenía, sin embargo, sus dudas sobre el éxito de la revista. Un 16 de noviembre del año ’44 (No me olvidaré nunca), después de muchos días y noches empeñados en criticar, componer y mejorar las páginas iniciales, llegó la descompresión de la obra terminada y la preocupación por los resultados.
Salimos a recorrer la calle en el auto de Divito. Eran cerca de las dos de la mañana. Los kioscos del centro ya ponían a la vista la mercadería recién salida del horno, para los noctámbulos y madrugadores. Nosotros estábamos al lado de Vosotras y  Aquí está. Pero ninguno se animaba. Dimos vueltas y vueltas. Nadie compraba. Cuando estábamos por abandonar, advertimos al primer temerario. Frenamos contentos para ver su reacción al hojearla. No nos dio el gusto, la guardó entre sus ropas y se alejó apurado. Divito estaba preocupado, no podía ocultar su desaliento. Yo, en cambio descontaba el éxito, lo animé lo mejor oue pude y me fui a dormir. Al otro día, antes de las diez de la mañana la edición se había agotado. Ni los cálculos más optimistas hubieran imaginado algo así.
Creo que Rico tipo es también un poco mío, o al menos me gusta sentirlo asi.-
 – Creo que estos son mis mejores recuerdos, en ellos están muchos amigos inolvidables que perduran, aunque no están más.-
 – Mi mayor admiración es para los colegas Divito, Ferro, Blotta, Gubellini, José Luis Salinas, Roberto Bernabo, Fantasio, Manteola.-
 – Yo soy un plástico frustrado. Analizando bien, mis dibujos no son ni cómicos ni serios. El viejo Sirio siempre me decía: Un buen ilustrador debe ser ilustrado él mismo. No puede darse el lujo de cometer errores, debe informarse bien sobre los temas sobre los que debe trabajar. Cuanta razón tenía.-
 – Tras la entrevista, con la mano en alto, Chiquita y Pedrome saludan desde la puerta. Prometo visitarlos en la calle Caminito algún sábado o domingo. Allí, Chiquita vende los trabajos de Seguí.
LLueve despacio, como sin ganas. El otoño suele ser muy triste…
José Eduardo Weidmann (17-05-82)
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