ENTREVISTA EXCLUSIVA JUAN GIMÉNEZ
(Primera entrega de tres) – Por Luis Rosales
- La búsqueda, identificación y captura del mendocino Juan Antonio Giménez no fue difícil, como tampoco lograr que accediera a sostener una charla para nuestros lectores. No existe en su actitud, inmediatamente franca y abierta, ningún signo de esforzada complacencia hacia mi vocacional misión de entrevistador; toda su cordialidad (lo entiendo de inmediato) proviene de una sincera posición asumida, seguramente desde siempre, que llega a mostrarlo cordial, sincero, auténtico; sin rebusques extraños y las conocidas poses de los que triunfan en una profesión, autoconvencidos de que, son poco menos que dueños del mundo. Gimenez es así, simplemente; un muchacho que se está ganando el puesto honestamente, sin olvidarse que alguna vez hizo "banco". Lo ubicamos en su último refugio conocido, un departamento en el séptimo piso, en pleno corazón de la madrileña, calle Churruca, donde su voz de tonalidades cuyanas nos acerca en dos horas aproximadamente, toda la historia de su vida relacionada al noveno arte.-
LOS PRIMEROS PASOS
- ¿Cómo te iniciaste en el dibujo?
- La pasión por el dibujo nace prácticamente conmigo, o al menos desde muy pibe. Yo era el chico que dibujaba en los pizarrones de la escuela para las fechas patrias; el de las lindas portadas en los cuadernos, incluso mamarracheaba, de punta a punta, con trozos de cal, una cuadra de mi barrio que permanecía prohibida al tránsito, allá en Mar desplata, dónde pasé gran parte de mi niñez, debido al trabajo de mi padre que, por estar empleado en una empresa petrolera, dos por tres era destinado a otras ciudades del país; es decir, dibujaba todo lo que se me ponía a mano.-
- Por aquella época conocía únicamente las historietas que publicaban los comics books producidos en U.S.A. y que llegaban traducidos, vía Mexico. Eran realmente muy populares esos personajes y series; pero, un buen día me entero de la existencia del semanario Misterix, y a su vez, de la historieta nacional. Bueno, para qué decirte, quedé completamente maravillado ante un producto muy superior al norteamericano y hecho precisamente en el país. La historieta argentina era (y lo es actualmente) una historieta adulta que lograba atraer por ese entonces, a todo
tipo de público, sin desmerecer, a ninguno. Leer entonces a Oesteírheld y Ungaro, ver lo hecho por Campani, Solano López, Pratt y todo el equipo de Abril; fue como descubrir un mundo nuevo. Mientras, me Iba adentrando cada vez más en el comic y el dibujo; nos trasladamos a Tucuman por un par de años; después a Rio Cuarto, Cordoba, donde comienzo mi tercer año en una escuela Industrial.-
- Era ya plena época del boom de Frontera y Hora Cero.-
- Sí, y yo me habia convertido en uno de esos fanáticos que esperan la salida de las revistas, parados junto al kiosco. Bién, como te decía, ya en tercer año, me hago muy amigo de un compañero de estudios llamado Juan Carlos Zaino, otro fanático como yo de la historieta y el dibujo. Con él hacíamos nuestras revistitas caseras que luego leía todo el colegio. Un día, Zaino me dice que en Rio Cuarto vivía un profesional del comic; alguien que publicaba sus trabajos en algunas revistas conocidas. Casi me caigo desmayado!!! Para colmo, se trataba de Víctor Hugo Arias, todo un señor historietista. De inmediato, nos pusimos en campaña para tratar de llegar hasta él, para verlo dibujar o simplemente charlar un rato; pero la misión no era tan fácil, como creíamos. Sin embargo, tuvimos suerte, pues alcanzamos a conocer a dos de sus ayudantes: Albiat y Mangiarotti, quienes prácticamente, nos llevaron de la mano a visitar al maestro, porque Arias era verdaderamente el Maestro, a quién todos hacíamos caso, aceptando sus consejos y directivas. Después, las visitas se hicieron rutinarias, mientras mi "locura" se agigantaba.-
- ¿Arias fue uno de tus dibujantes preferidos?
- No, fijate que no. Porque yo estaba metido de lleno en la línea de Pratt y Solano Lopez. Arias es un estupendo dibujante de la escuela raymondiana, muy definido, muy detallista; pero por el sólo hecho de tener un contacto tan directo con él, me sentía maravillado, además Yabar y Mangiarotti, que ya publicaban sus propias historietas, me ofrecían gran parte de su tiempo enseñándome la técnica y corrigiendo mis errores. Aprendí con ellos todo lo necesario para tener una buena base para el futuro.-
- Mezclarte circunstancialmente en un ambiente relacionado directamente con la historieta, sin dudas, favoreció tus ansias para iniciarte en la actividad aunque, seguramente, no estabas aún en tu mejor momento. De todos modos ¿te considerabas interiormente listo para lanzarte a producir tus propias obras?
- Por aquélla época me sentía muy capaz y comencé a enviar muestras a distintas editoriales; pero seguramente eran tan malas que ni me contestaban. Años después, por casualidad veo publicada, en uno de los últimos números de la revista Fuego!, una historieta mía; era horrible!! Seguramente, la editorial, al borde de la bancarrota, echaba mano a cualquier cosa, entre los cuales estaba mi material.-
- Sin embargo, participaste, profesionalmente en tu estadía en Rio Cuarto.
- Efectivamente. El caso fue que estando yo aún por allí, llega al estudio de Victor Hugo Arias, un excelente dibujante de "chicas", tipo Divito, anunciando que precisa material para una nueva revista que se llamaba Asalto. Este señor era Hector Alfonso y además de lo de Yabar y Mangiarotti, aceptó también lo mío. Asalto tenía un buen plantel de colaboradores, entre los que sobresalían Julio Cesar Medrano, Néstor Olivera y Víctor Braxator; pero la cosa no duró mucho y al cabo de un año más o menos, dejó de aparecer. A todo esto, Arias dibujaba para una agencia inglesa las aventuras de un superhéroe de la aviación británica llamado John Steel; yo colaboraba dibujando las armas, Yabar se encargaba de los fondos, y Arias, por supuesto, de las figuras humanas. Fue por poco tiempo; dos o tres capítulos como mucho. Ocurrió que Victor Hugo les propone a los ingleses trasladarse a Europa, concretamente a Italia y estos aceptan de inmediato. Así se disuelve el estudio. Todos se marchan a Buenos Aires y termina mi primer contacto directo con los profesionales de la historieta. Además, nuevamente trasladan a Tucuman a mi padre y entonces ya me aislo completamente.-
- Un par de años despues llegamos a Mendoza para radicamos definitivamente. Terminado el secundario (paradójicamente tuve que rendir dibujo) entro en la facultad y comienzo a estudiar diseño industrial, hasta que el servicio militar me corta la carrera. Ya incorporado dibujé como loco; a mis compañeros; a los oficiales, todo por salvarme de las guardias, aunque te aclaro que, por un cambio de estructura militar a nivel nacional, en lugar de doce tuve que hacer dieciseis meses. Bien, salgo de la milicia y consigo entrar a trabajar en Canal 7 de Mendoza donde me intereso en todo lo referente a la publicidad televisiva; paralelamente también comienzo a trabajar en un diario local que me pagaba bastante bien, pero la labor era odiosa y rutinaria. Largo todo y ya en la publicidad ingreso en una agencia, luego en otra, y finalmente me la juego solo, con mis propios clientes.
La cosa comenzó a marchar cada vez mejor, trabajando en mi propio estudio, incluso gané un importante premio en un festival del Cine Publicitario y eso me proporcionó prestigio.-
(Continuara)
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